El rincón de pensar o Time out es un recurso que se utiliza frecuentemente como método para corregir a un niño que «se ha portado mal». Se usa tanto por padres, como por algunos docentes en las aulas y ha sido muy defendido por su supuesta efectividad y por parecer una manera de actuar respetuosa. Podemos ver cómo el Doctor Daniel J. Siegel trata este tema en alguno de sus libros refiriéndose a él como “aislamiento en el cuarto” y explica por qué no es un método efectivo para educar a nuestros hijos. La Disciplina Positiva o la Educación Positiva tampoco la defiende como una herramienta adecuada para educar a los niños. Vamos a tratar de resumir los motivos por lo que nosotros también desaconsejamos a los padres y madres que acuden a nuestras formaciones este método que pretende ayudar a corregir conductas inadecuadas.

 

Los castigos no funcionan

 

Aunque no lo pueda parecer, esta práctica sí es un tipo de castigo con el que, además,no conseguimos el objetivo que buscamos, es decir, que reflexionen sobre la conducta inadecuada.

No nos equivoquemos, cuando enviamos a un niño a un rincón para pensar y le aislamos, el pequeño no piensa “Es verdad, no debería haberlo hecho, me he equivocado, la próxima vez lo haré bien, voy a pedir disculpas”.

Lo que realmente podría pasar por su mente son mensajes como: “Mis padres son malos»; «esto es injusto”; «no me quieren» o «soy malo». Es decir, todo lo contrario de lo que pretendemos. Por lo tanto, si lo que buscamos es que aprendan la lección, castigarles en el rincón de pensar no es el camino adecuado. No existe un aprendizaje como tal, sino que perdemos la oportunidad de reflexionar y aprender juntos. Recuerda que su cerebro aún está inmaduro y nosotros somos sus figuras de referencia y sus guías en este proceso de preparación para la vida adulta.

 

Consecuencias

 

Ya que hemos visto que el rincón de pensar o el Time out es un castigo, os recuerdo en este punto las consecuencias que traen consigo:

  1. Odio y rencor. Piensan que es injusto y lo que es peor: “no me quieren”
  2. Venganza o revancha. Piensan: “Lo volveré a hacer en cuanto no miren” o ese dolor que sienten, lo proyectarán pagándolo con alguien más débil «se van a enterar».
  3. Miedo y retraimiento. Genera falta de confianza hacia los adultos, falta de seguridad en sí mismos y baja autoestima. No nos extrañemos si después empiezan a mentir para evitar el castigo.
  4. Rebeldía: “conmigo no van a poder”. Volverán a repetir esa u otras conductas para hacernos ver que no podemos con ellos. O pueden llegar a pedir perdón sin arrepentimiento sincero, usándolo como un trámite para dejar de estar castigado.

 

El rincón de pensar no es efectivo

 

El aislamiento no está directamente relacionado con la conducta o la mala decisión del niño, por lo que el rincón de pensar NO será efectivo para el aprendizaje.  No le estaremos enseñando a tomar buenas decisiones.

Por ejemplo, si ha deshecho la cama porque ha estado saltando y jugando en ella, la consecuencia lógica será que él se encargue de hacerla nuevamente. Es fundamental que, una vez calmados y conectados, le ayudemos a llegar a esa conclusión por sí mismo a través de preguntas. Es una consecuencia claramente relacionada con su comportamiento, no es punitiva, ni vengativa y, además, es fruto de una reflexión donde nosotros actuamos activamente como guías.

 

Frase clave: ¿Cómo podemos solucionarlo?

Sabemos que se trata de una consecuencia lógica porque hacer la cama después de deshacerla es lógico, proporcionado y relacionado con el motivo del problema, en definitiva, no es un castigo. Pero ojo, es fácil que se convierta en tal si lo decimos gritando, con malos modos o humillando al niño. La delgada línea entre una consecuencia lógica y un castigo está en cómo emitimos el mensaje, en cómo nos comunicamos, en nuestro tono de voz y en nuestra expresión corporal. Por eso es tan importante priorizar en encontrar la calma primero y no actuar en caliente.

Muchos estaréis pensando que esto que proponemos es demasiado bonito para ser verdad. Que si yo le digo esto a mi hijo, “me mandará a freír espárragos”. Es posible, pero tened en cuenta que la educación positiva hay que conocerla, interiorizarla y practicarla. Nada que merezca la pena se consigue por el camino fácil, pero es un trabajo que da sus frutos. Os lo podemos asegurar en primera persona.

 

«Solo me quieren cuando me porto bien»

 

Otro punto importante a tener en cuenta es que castigando estaremos ignorando el origen de los comportamientos. Tal y cómo vemos en las formaciones, buscar el origen es crucial para educar de forma efectiva. Pregúntate de dónde puede venir este comportamiento o, mejor aún, qué nos quiere decir con él. ¿Puede ser que no se esté sintiendo tenido en cuenta?, ¿puede estar experimentando celos?, ¿puede estar cansado o tener hambre?, ¿está en una etapa del desarrollo donde se dan rabietas? Sea como sea, pensemos que tienen un cerebro inmaduro, que están aprendiendo y que es normal equivocarse. Lo que marca la diferencia es cómo actuamos los adultos ante un error ¿buscamos culpables o les ayudamos a buscar soluciones?

Están «de prácticas» y nuestra labor de adultos, con cerebro maduro, es apoyarles, guiarles y ofrecer esa calma que ellos necesitan cuando están desbordados por sus emociones.

Con el rincón de pensar perdemos esa gran oportunidad de crecer juntos, interpretarán “solo me quieren cuando me porto bien”. La mejor forma de crecer con una autoestima alta, con confianza y seguridad es que perciban nuestro amor incondicional. Por eso es tan importante que padres y educadores tratemos de ver más allá de su comportamiento y entender que detrás de una mala conducta se esconde seguramente una petición de ayuda. El adulto ha de ser capaz de ver la necesidad que está siendo desatendida y tratar de cubrirla. Y, para ello, los educadores necesitamos conocimientos y herramientas. Solo así conseguiremos cooperación y aprendizaje real, crecer en la responsabilidad y no en la obediencia ciega.

 

Prueba con este ejercicio práctico

 

Te proponemos un ejercicio práctico: imagina que llegas un día enfadado/a del trabajo, resoplando y diciendo lo mal que te ha ido. En ese momento tiras el abrigo y las cosas al sofá cabreado/a y llega tu pareja y te grita: «¡Pero qué haces! ¿Cuántas veces te tengo que decir que no trates así las cosas y que no las dejes por medio? ¡Vete ahora mismo a la habitación a pensar lo que has hecho y cuando se te pase, vuelves!»

Como verás, la situación no es muy distinta a la que te sucede diariamente con tus hijos. Me dirás que no es lo mismo. Y, efectivamente, no es lo mismo, porque tus hijos todavía no tienen la madurez suficiente para gestionar bien la reacción que sigue a sus emociones y nosotros, los adultos, sí (en teoría así debería ser).

Podrías decirme «tú ya no necesitas quien te diga cómo y qué cosas puedes hacer». Y, ciertamente, tus hijos sí. Por eso es mejor decirlas y no ordenarlas o reprender por no hacer lo correcto. Necesitan que les eduquen, no que les adiestren. Para que el cerebro pueda aprender necesita hacerlo sin estrés, sin miedo y sin sentir humillación.

 

Una alternativa válida: «El espacio de la calma»

 

Dicho todo esto sobre el rincón de pensar, no debemos confundirlo con que demos un tiempo al niño para que se calme si así lo necesita. Ten muy presente que nuestra prioridad es conectar antes de redirigir, es decir, estar calmados, tanto ellos como nosotros.

Esos momentos, acompañados por nosotros son, en muchos casos, necesarios para interrumpir la mala conducta y para invitar a la reflexión interna del niño. Precisamente, en momentos donde estemos tranquilos y conectados, podemos ayudarle a crear su “espacio de la calma” con aquellas cosas que puedan ayudarle a encontrarla en momentos de tensión. Con ello, facilitaremos que sea capaz de autorregularse y disminuir su carga emocional. También podemos enseñarles técnicas de relajación con la respiración, que nos ayuda mucho a tranquilizarnos. Será después, cuando podamos redirigir su comportamiento e iniciar el proceso de aprendizaje reflexionando juntos.

 

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Esperamos que este post te haya ayudado, al menos a reflexionar. Si te ha gustado, siéntete libre de compartirlo y de dejarnos tus dudas, opiniones y sugerencias en comentarios. Además, puedes acceder a una lección gratuita de nuestro curso o leer valoraciones de nuestros alumnos pinchando aquí.

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