El otro día se me ocurrió hacer una encuesta «¿sabes qué quiere decir validar emociones?» Para mi sorpresa, casi el 50% dijo no tenerlo nada claro. Y es que, ¿cómo vamos a saber validar emociones si nadie nos ha enseñado? Por eso hoy os dedico una entrada completa que espero que os resulte de ayuda.

Validar emociones es permitir y aceptar la emoción que está sintiendo el otro (o nosotros mismos). Sin hacer juicios de valor, sin intentar reprimirlas. Es uno de los puntos clave que tratamos siempre en los talleres y en nuestro curso online de Disciplina Positiva.

 

¿Por qué nos cuesta tanto validar emociones?

 

Porque no hemos recibido una educación emocional. La mayoría de nosotros hemos crecido escuchando frases como:

  • No llores
  • No pasa nada
  • ¿Y estás triste por esa tontería?
  • No te enfades
  • No tengas miedo
  • No te pongas así que no es para tanto

Hay que tener en cuenta que no hay mala intención cuando se usan estas frases. Pero hoy por hoy la neurociencia nos indica que todas las emociones son legítimas, necesarias y válidas, así como la importancia de ponerles nombre y permitirlas. Los expertos indican que educar a nuestros hijos para que no las exterioricen y para que las repriman puede afectar y mucho en su salud emocional e incluso física. 

 

Neuronas espejo

 

En nuestro cerebro residen las neuronas espejo que, en resumen, son las encargadas de que se nos contagie las emoción de la persona que tenemos delante. Gracias a ellas experimentamos la empatía. Tienen un papel fundamental, sin embargo, cuando la otra persona siente tristeza, por poner un ejemplo, y a nosotros se nos contagia su emoción, rápidamente queremos cortarla porque no nos resulta agradable experimentarla en nuestras carnes. Los padres, por lo general, no soportamos ver a nuestros hijos sufrir, porque sentimos ese sufrimiento como propio. Por eso, muchas veces nos cuesta tanto validar, permitir y sostener sus emociones, ¡si ni siquiera nosotros sabemos cómo manejar las nuestras!

 

Validar no es dramatizar

 

Cuando hablamos de validar emociones, muchas personas temen que estemos alimentando el victimismo y el dramatismo.

«¿Cómo vas a decirle que es normal sentirse triste porque se ha roto dinosaurio de plástico?, ¡eso es una tontería!, ¡anda que no hay problemas de verdad! si es que les metéis en una burbuja de cristal y así salen…».

No confundamos validar con dramatizar. Validar no supone hacer un minuto de silencio por el dinosaurio roto, ni tampoco llorar a moco tendido con ellos, ni aporrear el suelo diciendo «malo, malo», ni salir corriendo a la tienda a comprar otro porque no podéis sostener tantísimo dolor.

No, no y no. 

 

Ponte en su lugar

 

Ponernos en su lugar, en la piel del otro, ¡ahí está la clave! niños pequeños, problemas pequeños (así debería de ser, al menos). La infancia es un entrenamiento para la vida adulta. Así que será más fácil empezar afrontando pequeños problemas e ir cogiendo experiencia para, más adelante, ser capaces de afrontar los problemas grandes, ¿no te parece lógico? Uno no llega el primer día al gimnasio, sin tener fondo físico ni preparación, y se pone a subir 150 kg de golpe.

Imagina que has tenido un mierder day (o un día de mierda, hablando mal y pronto). Todo ha salido del revés, te sientes frustrada, triste… y llegas a casa. Lo que más deseas en el mundo es que la persona que quieres te entienda, ojo, no que te solucione la papeleta. Entones te acercas a tu pareja y le dices con la voz entrecortada «he tenido un día horrible, he llegado tarde a la reunión, no he sabido defender bien el proyecto y encima mi jefe me ha ridiculizado delante de todos»… y cuando empieza a brotar una lagrimita de tus ojos, de pronto, tu pareja, muy seria, te dice:

  • «Ehhhhh… no se llora, hay problemas más grandes en el mundo, ¿sabes? Vete a tu habitación y cuando se te pase, hablamos».

(Lo que daría por ver tu cara en este preciso instante). Y es que imaginar la situación entre adultos a mí, personalmente, me ayuda muchísimo a enfocar muchos de los retos que vivo cada día como madre de tres.

Alternativas al «no pasa nada»

 

Pues sí, quizás lo que necesitabas en ese momento realmente sea un:

  • Te entiendo
  • Es normal sentirse así
  • ¿Necesitas un abrazo?
  • Tiene que haber sido muy duro
  • ¿Quieres hablar de ello? te escucho

¿Es eso acaso hacer más drama?, ¿validar sus emociones supone alimentar el victimismo?… no le resuelvas el problema, ayúdale a afrontarlo y a que él mismo encuentre soluciones.

 

El foco está en ti

 

«Mari, yo lo intento pero es que no puedo, me pone de los nervios verle así».

Mari, te entiendo pero piensa que todo lo que quieres que aprendan, lo debes aprender tú primero (gran frase de mi querida amiga María Soto). A veces, no solo basta con querer cambiar, sino que hay que pedir ayuda. Ya sabéis que nosotros recomendamos acudir a terapia y hacer trabajo de autoconocimiento. Porque si te conoces, si te entiendes, serás más consciente y más dueño de tu vida y de tus acciones.

 

Nómbrala para domarla

 

El Doctor Daniel Siegel insiste «nómbrala para domarla». Poner nombre a la emoción nos ayuda a identificarla y a entenderla. No preguntes a tu hijo si está enfadado, describe «veo que estás enfadado». Valida, «es normal sentirse así». Ofrece tu empatía y ayuda «te entiendo, ¿necesitas un abrazo? ¿o quizás prefieres estar solo un ratito?».

Cuando estemos tranquilos -y no en plena explosión emocional donde no pensamos con lucidez- buscad recursos para manejar esos momentos difíciles. Quizás os ayude aprender a respirar. O puede que lo que más os calme sea beber agua, escuchar una canción, bailar, salir a tomar el aire, escribir, dibujar o darte una ducha. También puede ayudarte nuestra meditación guiada que puedes solicitar pinchando aquí. Cada persona es un mundo y a cada uno le ayuda una cosa distinta. Buscad vuestros propios recursos y, poco a poco, intentad ponerlos en práctica. En nuestra formación online os enseñamos varias técnicas para encontrar la calma. Al principio no será fácil, porque tendremos que ser capaces de sentir la emoción y antes de tomar una decisión, priorizar el alcanzar la calma. No tengas prisa y no te machaques cuando te equivoques. Recuerda que estamos aprendiendo, ellos y nosotros.

Y, si me permites el consejo, no tomes decisiones en caliente… vamos que, no tomes decisiones cuando sientas una explosión emocional. Prioriza, siempre, en conectar: conectar contigo y conectar con ellos. ¡Ánimo!

Y tú, ¿validas emociones?

 

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