Preparar a nuestros hijos para la vida

 

Parece una frase hecha, de esas que oímos de vez en cuando pero a las que no prestamos mucha atención porque creemos que eso es precisamente lo que hacemos. Por eso, muchos de nosotros hemos creído y/o creemos que debemos ser duros con nuestros hijos para que aprendan «lo que es la vida». Pero… ¿es eso «preparar a nuestros hijos para la vida»? Vamos a poner un ejemplo de una situación con la que seguro que muchos de vosotros os sentís identificados.

 

Hoy nuestro hijo ha tenido una rabieta de órdago. Quería seguir dando un paseo por el parque, pero se estaba haciendo tarde y teníamos que volver a casa.
Ha pataleado, llorado, gritado e incluso nos ha dicho cosas que es mejor no repetir por aquí. En ese momento hemos conectado y después de un buen rato, hemos conseguido la calma. Damos por sentado que hemos utilizado lo que hemos aprendido de Educación Positiva. 😉

Realmente lo que ocurría, es que necesitaba más tiempo de juego y aire libre después de mucho tiempo sin salir de casa.
A todos se nos han dado en esta época de pandemia situaciones muy parecidas, ¿verdad?

Pero, mucha gente se preguntará:
¿cómo conectó con mi hijo sin malcriarlo?

Aclaremos una cosa; es muy distinto malcriar que conectar. No malcriamos cuando damos más de nosotros. No malcriamos cuando estamos dándoles nuestra presencia, nuestro amor, nuestro tiempo o nuestra atención. En definitiva, no malcriamos cuando satisfacemos las necesidades de nuestros hijos, en especial las necesidades emocionales.

Debemos preparar para la vida

 

Conectar

 

Conectar cuando están alterados tiene que ver con satisfacer sus necesidades, no con darles lo que quieren.
Consentimos o malcriamos cuando les damos demasiadas cosas y/o cuando les sobreprotegemos contra las dificultades y las emociones o sentimientos desagradables. Si los niños consiguen lo que quieren (ojo, estamos hablando de lo que quieren, no de lo que necesitan) cuando ellos quieren, no estamos ayudándoles a desarrollar la resiliencia, el sentimiento de capacidad, la autoestima, el esfuerzo, a demorar las gratificaciones, a ser independientes o a afrontar las decepciones que, a buen seguro, encontrarán en la vida.
El consentimiento excesivo no tiene ninguna utilidad para los niños. No nos convirtamos en padres “helicóptero”, no tratemos de protegerlos contra toda dificultad o conflicto.
Es importante insistir en que no malcriamos a nuestro hijo cuando establecemos conexión emocional, le damos amor, atención, afecto o tiempo. Recuerda: debemos dar a nuestros hijos lo que necesitan y no lo que quieren. A veces lo que quieren puede esconder una necesidad aunque ellos lo expresen en forma de deseo. Por ejemplo, puede que nuestro hijo nos diga que quiere estar más en el parque y lo que esconde realmente es la necesidad de juego después de muchos días metido en casa.

 

Conclusión

 

Cuando nuestros hijos nos necesitan, debemos estar disponibles emocionalmente para ellos.
La conexión implica estar al lado de nuestros hijos cuando experimenten momentos de dificultad o cuando sufran emocionalmente. Eso no significa que debamos rescatarlos de sufrir emociones «negativas», ya que también son necesarias para su desarrollo y aprendizaje. De este modo les preparamos para la vida, no preparamos la vida para ellos.

*Post basado en el libro Disciplina sin lágrimas de @drdansiegel y @tinapaynebryson y en Disciplina Positiva

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