¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a gestionar emociones en tiempos de Coronavirus?

Lo reconozco, me he saturado. Empezamos con fuerza, con ganas, con mil y una ideas, a tope y sin frenos… y, no sé vosotras, pero yo he petado. Me he saturado lo más grande. Sí, hicimos reunión, sí elaboramos una tabla de rutinas, sí me apunté todas y cada una de las ideas de manualidades, cuentacuentos en directo, clases de baile y dibujos para aprender inglés, homenajes a horas punta, leía con interés cada instrucción enviada del colegio…

Y peté. No era capaz de meter en mi cabeza más información.

 

Expectativa vs Realidad

No sabéis la emoción que he sentido al recibir tantísima inspiración e ideas a través de mi cuenta de instagram. Pero pasan los días y una siente que su estado de ánimo se resiente. Son muchos días en casa. Son muchos días preocupados por quiénes están enfermos y a quienes no podemos visitar, ni abrazar.

Lo idílico sería deciros que todo va bien. Que estamos siguiendo una rutina y que todo rueda a la perfección. Que hemos hecho mil y una manualidades. Que, además, he aprovechado para hacer limpieza a fondo y que llevo mi trabajo al día. Que el cole en casa va como la seda y que seguimos las pautas marcadas por el centro escolar. Pero os mentiría cuál bellaca y esa no es la idea. Y no escribo esto para desanimar, sino para que veáis que NO ESTÁIS SOLOS EN ESTO.

 

Autoexigencia, vete a la mierda

No te frustres, Mari. No son momentos de cargar la mochila más de lo que ya está. Permítete llorar, permítete desahogarte, permítete ser honesta. No consiste en gritar «¡VAMOS A MORIR TODOS!», primero porque eso no es verdad y, segundo, porque el extra drama tampoco nos va a ayudar. Pero no pasa nada si en un momento dado echamos alguna lágrima. No hace falta que te escondas, no hace falta que te hagas la fuerte. Di la verdad.

Hoy, en el desayuno, lloraba. Lloraba por mi familia. Por todos a los que no puedo ver, ni abrazar. Por todos a los que no puedo ayudar en estos momentos delicados. Sí, entre nuestros familiares hay personas con el virus. Unos pasándolo en casa, otros ingresados en el hospital, en la UCI… Y no es fácil quedarte en casa y no poder estar ahí, cuando las palabras sobran y solo necesitas que alguien te de la mano.

 

Aprovecha y pon nombre las emociones

Y he aquí mi humilde consejo. Permite tus emociones y las de las personas que tienes cerca. Empatiza, muchas veces solo necesitamos que alguien nos diga «te entiendo», no que le resten importancia a lo que sentimos. No nos han educado en las emociones pero nunca es tarde para empezar. Hablad con los vuestros de cómo os sentís y fomentad que ellos también lo hagan. Escuchaos los unos a los otros.

 

Conecta antes de redirigir/ corregir

Me gustaría dejaros una herramienta que a nosotros nos ayuda mucho en casa. En Disciplina Positiva hablamos de la importancia de conectar antes de corregir o de redirigir un comportamiento. Os dejo esta lámina que utilizo en mis talleres, por si os sirve de ayuda. Esta técnica, la podemos ver más desarrollada en nuestro curso online Educa en Positivo. Si te interesa puedes encontrar una lección gratuita en nuestra web.

Cuando vuestros hijos estén en un momento difícil y os den ganas de gritar, os invito a que intentéis respirar hondo y seguir estas pautas. Piénsalo, cuando tú estás mal, ¿te ayudaría que la persona que te acompaña pierda los nervios? Además, si quieres que ellos aprendan a mantener la calma, ¿no sería lógico que aprendamos nosotros primero? Si está muy enfadado no es momento para hablar. Nuestra prioridad será acompañar e intentar calmar. Podemos ofrecer un abrazo para que se calme. Unas veces lo aceptarán y otras no. Si no lo quieren nos tocará respetarlo y esperar con serenidad a que se le pase.

 

Paso a paso

  1. Primero reconocemos el sentimiento del niño, no preguntamos, afirmamos «veo que estás enfadado» (o triste, decepcionado, frustrado, molesto, etc).
  2. A continuación, permitimos esa emoción «te entiendo, es normal, a veces a mí también me pasa» (podéis poner un ejemplo en el que os hayáis sentido así). ¿Necesitas un abrazo?
  3. Cuando ya estemos calmados, es el momento de hablar «¿se te ocurre alguna solución?», «¿qué puedes hacer cuando te sientas enfadado?», «¿hay algo que creas que te podría ayudar en esos momentos?». La idea es ayudarle a que encuentre sus propios recursos. No todos los niños son iguales -ni todos los adultos lo somos- lo que a uno le relaja y ayuda al otro no. Unos necesitarán un abrazo, otros un momento solos, otros buscarán como recurso poner su música favorita, otros pintar, hablar, etc.
  4. Si en el momento del conflicto el niño nos ha intentado pegar, nos ha insultado, faltado al respeto, etc. ahora que ya estamos calmados, podemos preguntar «¿Cómo crees que me he sentido cuando me has intentado pegar?»; «¿cómo crees que se ha sentido tu hermano cuando le has llamado tonto?». De esta forma estaremos trabajando la empatía. Pero es importante no usar un tono de enfado, ironía o rintintín. Debemos preguntar desde la calma y la serenidad.

 

Conlusión

Se puede ser optimista y estar triste, claro que sí. Me considero una persona bastante positiva pero también soy emocionalmente honesta conmigo misma. Esto está siendo duro. Y, aún con todo, doy gracias porque tengo a mis tres molones y a marido aquí. Son la mejor excusa para tener la mente ocupada. Sus sonrisas, sus abrazos, sus frustraciones, sus preguntas, sus peleas… Alguien que no tiene hijos pequeños me dijo hace poco que no se cambiaba por mí. Pues yo os digo que, especialmente en estos momentos, no me cambio por nadie.

¡Mucho ánimo molonas y molones!