Hace poco escuché hablar del semáforo de la conducta. Este post, seguramente, va a traer cola. Aviso a navegantes que no busco ofender, ni juzgar. Considero que la labor de los docentes no es nada fácil y que cada uno en su sector lo hace lo mejor que puede y sabe. Evidentemente, lidiar con un montón de niños no es tarea sencilla y, cuando el mal comportamiento llama a la puerta, es lógico que el profesor necesite buscar herramientas que le ayuden a poner paz y orden.

El semáforo de la conducta

La primera vez que oí hablar del semáforo de la conducta fue en un taller de Disciplina Positiva de la boca de uno de los asistentes. Cuando me contaron en qué consistía, no daba crédito. Pero, lejos de ser un hecho aislado, llevamos unos cuantos talleres donde varios padres nos hacen llegar sus experiencias con esta herramienta, supuestamente pedagógica. Sabemos que no es una práctica generalizada pero, dado que está ocurriendo en algunas aulas, me veo en la necesidad de hacer una reflexión al respecto.

semáforo emociones

¿En qué consiste esta herramienta?

Se trata de un semáforo que decora la clase y donde algunos profesores reflejan cómo se ha portado cada uno de sus alumnos. Unos utilizan el nombre pero, en muchos casos, se recurre a una fotografía del niño. De esta forma, los niños que se han portado correctamente verán su foto colocada en el círculo verde; los que hayan portado regular, en el color ámbar; mientras, los niños que se han portado mal, verán su imagen situada en el color rojo.

¿Y qué problema tiene?

Siempre que alguien tiene dudas de si lo que hace con los niños es correcto o no, le digo que le de la vuelta a la situación. Solo hay que imaginarlo en un entorno de adultos como protagonistas.

Por ejemplo, imagina que un día llegas a la oficina y el jefe hace una reunión. En la misma, os informa a ti y a todos los empleados de que últimamente hay demasiada tensión y discusiones entre los compañeros. Por lo que ha tenido que tomar una decisión. En ese momento, saca un semáforo y las fotos de todos los empleados y les dice, “día a día, aquellos que no entren en trifulcas y se comporten correctamente, tendrán su foto en el color verde; si habéis tenido algún roce, os pondré en el color ámbar; y si ha habido alguna discusión, vuestra foto irá al color rojo”.

Suena absurdo, ¿verdad? Pues no menos absurdo es realizar esta práctica con niños.

 

El origen del mal comportamiento

Decía Rudolf Dreikurs que un niño que se comporta mal es un niño desmotivado. ¿Creéis que ver su imagen en un círculo rojo va a motivarle de alguna forma? Honestamente, la técnica de señalar con el dedo a aquel que comete un error no es el mejor camino hacia la motivación. De hecho, eso tiene un nombre: humillación y a nadie nos gusta que nos humillen.

Todos podemos tener un mal día alguna vez. En un momento de máxima tensión podemos caer en una mala contestación o en una actitud de la que no estamos para nada orgullosos. En ese momento podemos buscar la manera de calmarnos y, en ese proceso, recapacitar y darnos cuenta de que se nos ha ido de las manos. Es entonces cuando podemos tomar una buena decisión, como pedir disculpas e intentar buscar una solución.

Lamentablemente, hay muchísimos adultos que solo se quedan en la primera parte. Adultos que no son capaces de reconocer su error y pedir disculpas. ¿Qué os parece si enseñamos a los niños desde pequeños a que tengan recursos para no quedarse atrapados en el orgullo y el rencor?

La empatía es el camino

La empatía nos puede ayudar a comprender al niño, ofrecerle nuestra ayuda desde la compasión. Podemos guiarle a que encuentre sus propios recursos. Motivarle a que tome buenas decisiones. Y eso no se consigue mediante la humillación.

En disciplina positiva aprendemos a leer más allá de los malos comportamientos.

Hace poco, escuché a Álvaro Bilbao decir que si los castigos fueran pedagógicos, los niños a los que más se castiga tendrían que ser los que mejor se portan. Por lo tanto, los niños que están en el semáforo rojo, serán los que mejor se porten después ¿no?, ¿o suelen ser siempre los mismos niños los que están en el color rojo? Si esto sucede, es evidente que los castigos y la humillación no resultan efectivos para modificar su conducta y hacer que se porten bien. De hecho, corremos el riesgo de que asuman la etiqueta de “malos” y, por lo tanto, tengan que cumplir con ese papel que les hemos otorgado.

Si solo actuamos sobre la conducta y no llegamos al origen de la misma, entonces estaremos poniendo parches, pero si la necesidad de ese niño no está cubierta, volverá a tomar malas decisiones, a repetir ese u otro comportamiento molesto. Y, por lo tanto, es muy probable que siempre estén los mismos niños en el color rojo.

Si algo no funciona, ¿por qué seguimos usándolo? Creo, sin lugar a dudas, que a los adultos nos falta aprender a comprender el comportamiento humano, no solo el de los niños. Y, además, nos hace falta tener herramientas eficaces para una buena convivencia.

Llegar al origen del comportamiento, saber por qué el niño está tomando malas decisiones, sí resulta efectivo. Porque, cuando das con el origen, cuando ves qué necesidad del niño no está siendo atendida, entonces estaremos más cerca de dar con la solución acertada.

Soy profesor, eso es inviable

“Es imposible ir niño por niño cuando tienes 25 a tu cargo”, lo entiendo perfectamente. Pero también sé de buena tinta que existen herramientas mucho más pedagógicas que ayudan a profesores y a alumnos a tener un mejor clima en las aulas. Así que invito a todos los docentes a que se animen a indagar más acerca de la Disciplina Positiva.

Otra forma de usar el semáforo

No quiero acabar este artículo, sin ofrecer a los profes que me leéis una alternativa al semáforo de la conducta. Los niños pueden aprender a utilizar el semáforo como una herramienta para aprender a gestionar sus emociones. Se puede hacer una asamblea y explicárselo.

  • Cuando sintáis que estáis enfadados y con ganas de pegar, insultar o tomar una mala decisión, sientes que te pones de color rojo. Y ¿qué nos indica un semáforo cuando está en rojo? Que debemos parar, es decir, no es un buen momento para tomar decisiones.
  • Después de detenernos, llega la hora de buscar la forma de tranquilizarnos. En el color ámbar tenemos que encontrar cosas que nos ayuden a relajarnos. Puede ser respirar hondo, apretar un trozo de plastilina, empujar la pared (hay profes que ponen las huellas de la mano en la pared), etc. Y cuando ya estemos tranquilos, podremos buscar solución a nuestro problema.
  • Cuando ya estamos tranquilos y hayamos dado con una solución aceptable, nuestro semáforo se pone en verde y podremos poner en práctica la solución que habíamos pensado.

 

Conclusión

Ni semáforos de la vergüenza, ni el rincón de pensar; tampoco mandemos a los niños al aula de los bebés, ni les pongamos a mirar contra la pared; porque esas herramientas no solucionan el problema, de hecho lo agravan. De esa forma, no estaremos ayudando a los niños a aprender a gestionar sus emociones y a buscar soluciones; les estaremos enseñando que cometer errores es malo, que incluso tengan miedo a intentarlo, bajaremos su autoestima, creerán que son malos y, como mucho, algunos aprenderán a no repetir el mal comportamiento por miedo a la humillación, sin haber aprendido realmente de sus errores. Los errores son grandes oportunidades de aprender y eso es lo que debemos enseñarles. Que uno puede meter la pata, que debe buscar la forma de tranquilizarse, a saber buscar soluciones aceptables y a responsabilizarse de sus errores, sin culpas, ni humillaciones.

Los niños necesitan adultos cerca que les entiendan, que les den la mano, que les ayuden a crecer con una buena salud emocional. Solo así, conseguiremos que el día de mañana se conviertan en adultos empáticos, resolutivos, compasivos, etc., en definitiva, en adultos felices y capaces de hacer frente a las adversidades de la vida.

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Espero de corazón que os haya gustado este post. Y os pediría, por favor, que lo compartáis.

¿Qué opináis?, ¿habéis tenido alguna experiencia con el semáforo de la conducta?, ¿y con el semáforo de las emociones? Vuestra opinión es siempre bienvenida, aunque sea distinta a la mía.

 

Feliz día, molonas.