Hace cuestión de un par de meses, se hizo viral una noticia sobre un “castigo ejemplar”. En aquel entonces, una molona compartió la noticia conmigo para pedirme mi opinión. Tenía muchas ganas de escribir sobre esto pero no había encontrado el momento hasta hoy.

 

El polémico castigo de un padre a su hija por hacer bullying

Os pongo en situación. Una niña de 10 años fue expulsada del centro escolar al que asiste durante 3 días por acosar a una compañera en el autobús que les llevaba al colegio. El padre, harto de que su hija fuera acosadora (era la segunda llamada de atención que recibían) decide dar a la niña un castigo “ejemplar”. ¿En qué consistía? En obligarla a ir al colegio caminando, 8 kilómetros, a dos grados bajo cero. Además, decidió grabarlo en vídeo, a la vez que comentaba lo sucedido, para después publicarlo en redes sociales. Su discurso arrancaba con un tajante “El bullying es inaceptable”.

Pero este caso no es el único que se ha hecho viral. Otra madre, que también quiso dar una lección a su hijo por la misma razón, le obligó a vestirse con una camiseta con la palabra “Acosador” para ir al colegio. Como colofón, subió la foto a internet donde se hizo rápidamente viral. De nuevo, un caso de humillación pública como lección a un acto de acoso.

castigo bullying viral

Pas, plas, plas (aplauso, modo ironía ON)

 

¿De quiénes creen estos padres que sus hijos han aprendido a hacer bullying, si para corregirles les hacen bullying?

 

Humillación contra la humillación

 

Llamadme loca, pero recurrir a la humillación para corregir a estos niños y evitar que sigan humillando a sus compañeros de colegio, me parece, cuanto menos, incoherente. Es tan incoherente como pegar un cachete para que tu hijo no pegue o decirle que fumar es malo mientras echas el humo de tu cigarro por la boca. Quizás si supiéramos que los niños aprenden por imitación y repiten lo que hacemos -y no lo que decimos- el aplauso fácil ante este tipo de medidas se cortaría rápidamente.

 

No entro a valorar si estos castigos son o no desproporcionados. Hoy vengo a reflexionar sobre si este tipo de medidas son efectivas y solucionan el problema que, a fin de cuentas, es el objetivo de los castigos, ¿no?

 

¿Son efectivos este tipo de castigos?

 

Os pregunto, ¿creéis que estos niños va a dejar de acosar a sus compañeros después de los castigos recibidos?, ¿consideráis que “probar su propia medicina” hará que reflexionen y deduzcan que hacer bullying es inaceptable?

 

Me voy a meter en la cabeza de esa niña y os voy a proponer tres opciones de lo que puede pasar por su cabeza durante su caminata hacia el colegio. Para meternos mas en el papel, solo hemos de recordar algún momento en nuestra infancia en el que la liáramos “parda” y nos cayera una buena represalia:

 

– Vaya, mi padre tiene razón. Realmente hacer sentir mal a los demás no está bien. Voy a dejar de portarme así y a ser más justa con mis semejantes.

– Odio a mi padre. Le odio con todo mi ser. Esto es completamente injusto.

– Cuando vaya mañana al colegio, esa maldita niña chivata se va a enterar de lo que vale un peine. No tiene ni idea de lo que ha hecho. Ya me podrán echar para siempre del colegio pero esto le va a costar caro y se va a acordar de mí.

 

Seguramente, desearíamos que la niña pensara que sus actos tienen consecuencias y que no se puede hacer daño a la gente así. Que debe comportarse correctamente, aprender a respetar al prójimo. Pero, ¿no es la forma de enseñarle la lección una acción deplorable en sí misma?, ¿no es la humillación algo que debemos evitar?, ¿somos conscientes del ejemplo que les estamos dando?

 

En su lugar, ¿no hubiera sido más interesante hablar con la niña y descubrir cuál es el origen de ese comportamiento? Buscar e indagar, no quedarnos en lo sucedido sino ir más allá.

 

Mirad, yo copiaba y copiaba en los exámenes del colegio, una y otra vez. Cuando me pillaban me suspendían y me echaban de clase. Un día un profesor me acompañó fuera del aula y me llevó a una sala. Allí me preguntó “¿Estás bien?, ¿te pasa algo?, ¿por qué copias?”. Me quedé alucinada y empecé a hablar “porque mi madre no está en casa, ella no ve si estudio o no, solo ve los resultados; quiero que se sienta orgullosa de mí y solo lo puedo conseguir aprobando”. No tuvo que decir nada más, a veces –muchas- necesitamos decir en alto lo que sentimos para darnos cuenta de lo que llevamos dentro. Yo no era consciente de las motivaciones que me llevaban a copiar y a tener un comportamiento inadecuado en clase. Solo un profesor, uno solo, se preocupó por conocer el origen de mi comportamiento.

 

¿Qué motiva que un niño agreda física o verbalmente a otro?

 

Seguramente el detonante de este tipo de comportamientos sean la ira y la rabia. También la falta de autoestima y la necesidad de quedar por encima de los demás, para ocultar nuestras propias carencias y debilidades. No querer que nadie nos tosa, que nadie abuse de nosotros. Mostrar a todo el mundo que somos de armas tomar.

 

Cuando una niña, como la de la noticia, no es educada en un ambiente de respeto, de cariño y de empatía, puede desencadenar en un deseo irrefrenable de venganza. Como su padre ha demostrado que “no se va a ir de rositas”, ella tendrá que buscar a alguien a quién hacer sentir como ella se siente ante este tipo de trato. No consiste en culpar a los padres, no. En disciplina positiva nos enfocamos en encontrar soluciones. Los padres también nos podemos equivocar, además, nadie nace sabiendo y la maternidad y la paternidad suponen un reto diario.

 

Ahora bien, grabaos a fuego la siguiente frase: Los niños son expertos en hacer sentir a los demás como ellos se sienten.

 

Imaginemos, es solo una suposición, que ella ha recibido castigos y no ha tenido posibilidad de hablar o directamente, ha tenido miedo de decir lo que piensa, por no enfadar a su padre. Quizás nadie le haya explicado desde el cariño las cosas.

 

Ahora me vendrán los de la mano dura a decirme que ellos han salido muy bien y muy enderezados. Y no seré yo quien lo niegue. La mano dura puede tener resultados a corto plazo. Algunas veces consigues acabar con el comportamiento pero ¿el niño lo hace porque ha aprendido la lección o porque quiere evitar la represalia?

 

Es decir, el castigo se centra en corregir el comportamiento, no en tratar el origen y los motivos de ese comportamiento, por lo que es “pan para hoy y hambre para mañana”. Si yo sé que me van a castigar sin salir con mis amigos si hago algo mal, entonces ya me cuidaré de que mis padres no se enteren de las cosas que hago y que sé que no son correctas. Es de lógica y la mayoría de la gente hemos actuado así de niños.

 

Yo también fui niña/ adolescente

 

Cuenta la leyenda que nosotros fuimos niños una vez. Y también que sobrevivimos a la adolescencia. Y que la liamos en alguna que otra ocasión. Madre mía, vaya época, menos mal que en aquel entonces no existían las redes sociales, ni los móviles con cámara. A DIOS GRACIAS.

 

A mí me ayuda mucho una frase que leí en el perfil de Bei de montessorizate, era algo así:

Sé para tus hijos el adulto que hubieras necesitado tener cerca cuando eras niño.

 

Entonces, ¿cómo corregimos?

 

Corregir desde el diálogo y la calma, lejos del enfado, del miedo y de la búsqueda de culpables. ¿Cuándo estás tú más receptivo? ¿Cuando tu jefe habla contigo o cuando te grita?

 

Quizás sea más interesante focalizar nuestros esfuerzos en buscar soluciones. Es cierto que enfadarnos y hablar más alto de lo normal es lo que nos sale de serie. Pero os aseguro que si experimentáis y probáis a hablar desde la serenidad, generando confianza en vuestros hijos, os sorprenderéis con los resultados.

 

Hay que evitar el sermón y fomentar la escucha. A veces, formulando algunas preguntas ellos solos llegan a conclusiones que nos sorprenden. No hagamos que pierdan la confianza en nosotros. Establezcamos lazos que sean sólidos y perduren en el tiempo.

 

La amabilidad no está reñida con establecer límites claros. El ser amables no lleva consigo obligatoriamente el ser permisivos. Recordad que la disciplina positiva es eso, establecer normas desde el respeto y no negar nunca nuestro cariño y apoyo. Están creciendo y nosotros tenemos que comportarnos como deseamos que ellos se comporten el día de mañana. Somos su modelo a seguir, como explica María Soto en este artículo que os invito a leer. Precisamente, será junto con María con quien voy a impartir mi primer taller de disciplina positiva el próximo sábado, 16 de febrero de 2019. Si queréis más información y/o reservar plaza, podéis hacerlo en este correo: [email protected]

Si queréis saber cómo me inicié en disciplina positiva os recomiendo leer este post: «Disciplina positiva: ¿por dónde empiezo?»

 

Por último, os animo a comentar este post y a compartir vuestro punto de vista, aunque sea para llevarme la contraria 😉

 

¡Buen día, molonas!