Hasta hace un año y medio yo no tenía ni idea de qué era la Disciplina Positiva. Ni idea. Lo que sí sabía es que tenía un reto en casa, llamado niñomolón, con un corazón enorme pero un temperamento igual de grande… o más. Entonces me llegó la oportunidad de hacer un curso de iniciación de disciplina positiva con Bei en la escuela Bitácoras. Para mí ese curso fue el principio de un gran cambio; me sirvió para darme cuenta de que ese era el camino que quería seguir para educar a mis hijos. A raíz de aquello, escribí la entrada «Razones por las que todos los padres deberíamos conocer y aplicar la disciplina positiva» (cuya lectura os recomiendo a las que no sepáis muy bien qué va esto). Pero lo cierto es que, al terminar el curso, seguía con muchísimas dudas sobre cómo aplicar en casa todos esos conocimientos.

Libros

El siguiente paso para mí fue ponerme a leer. Hay algunos libros que me han resultado algo densos y se me han hecho bola. La verdad sea dicha. Y otros que me han resultado fáciles de leer y bastante prácticos. Por eso siempre recomiendo empezar por estos dos títulos:

El cerebro del niño (Siegel)

Disciplina sin lágrimas

* Aunque os dejo enlace a amazon pinchando en los títulos, os recomiendo comprar libros en pequeñas librerías. Y ojo con los precios en esta plataforma, en cuanto se agotan te pasan a otros vendedores que los hinchan y te pueden llegar a costar el doble, incluso el triple o más.

Estos dos son muy entretenidos de leer, se entienden bien y traen bastantes ejemplos con los que sentirnos identificadas. Para las que queráis profundizar más, la “biblia” (por así decirlo), de la disciplina positiva es Cómo educar con firmeza y cariño, de Jane Nelsen, madre de la DP.

Aplicación

Poco a poco fui asimilando conceptos y poniéndolos en práctica en casa. Unas veces con más éxito que otras. Pero mi sensación era que, aunque la cosa empezaba a funcionar y a obtener muy buenos resultados, me faltaban herramientas. Entonces me topé con Eva de familytips.es, ella nos hizo una sesión de asesoría personalizada que fue genial. Entonces fui consciente de la importancia de formarme de forma presencial, poder hacer preguntas e ir resolviendo las cuestiones que me iban surgiendo con respecto a esta filosofía de vida (porque la disciplina positiva es mucho más que un método para educar).

Asesorías

En mi faceta de bloguera e instagramer, me llegan muchas consultas de madres que necesitan desahogarse, compartir conmigo sus inquietudes y saber mi opinión sobre determinados casos. Sin darme cuenta me vi aconsejando a esas madres (y a algún padre) con el fin de poder ayudarles y que vieran un poco de luz. Pero, por supuesto, surgieron en mí los miedos a dar un consejo que no fuera acertado, me faltaba la seguridad que te da el especializarte en una materia. Así que hablé con mi amiga Lee, BabyTribu, que lleva años inmersa en este tema y ella me aconsejó que me certificara con Marisa Moya, entrenadora de la Asociación de Disciplina Positiva de España.

Así fue. Soy una persona que, cuando lo tengo claro, tomo decisiones bastante rápido. En cuestión de diez días me vi formándome con ella. Fue un curso intenso, esclarecedor, con un montón de conceptos nuevos, de resolución de un montón de dudas, etc. Descubrí la importancia de encontrarte con otras madres (y algún padre) que tienen las mismas inquietudes que tú, los mismos retos y las mismas preocupaciones. No molonas, no estamos solas.

 

Talleres presenciales

Pero eso no fue todo, después de la certificación, he necesitado un tiempo para asentar tantos conocimientos y ponerlos a prueba. La verdad es que me siento muy satisfecha al comprobar los buenos resultados que estamos consiguiendo en casa. Tanto es así que marido y yo acudimos a un taller presencial juntos con Bei Muñoz, mi querida Bei, que fue también una maravilla. Ahí marido se volvió muy fan y muy defensor de establecer límites desde el cariño y el respeto.

Después, acudí a un taller con María Soto, otra crack en esto de la Disciplina Positiva. Cada taller presencial me ha enseñado algo nuevo. Aunque los conceptos y dinámicas se repiten, las personas que participan son distintas, cada facilitadora tiene su propio estilo y de todos se aprenden cosas nuevas.

¿Tengo que ir a muchos talleres?

No, no he dicho eso. En mi caso, al estar en un proceso en el que me estoy preparando para impartir disciplina positiva, he necesitado acudir y ver cómo se manejan mis compañeras, cómo organizan las clases y qué dinámicas utilizan. Pero si tú solo quieres aprender cómo aplicar la disciplina positiva en casa, y no aspiras a asesorar a otras familias, te diría que la mejor forma es acudir a un taller presencial completar con algunas lecturas, como las que he citado antes.

 

¿Con quién me podría formar?

Hay bastantes opciones. En la web de la Asociación de Disciplina Positiva tienen un apartado donde figura una agenda con talleres en diferentes ciudades. Además, hay compañeras que ofrecen formación online. Yo todavía no puedo ofrecer esta posibilidad porque quiero ir paso a paso, primero empezar con talleres presenciales y después invertir en una plataforma que me permita también hacerlo online. Pero cada cosa lleva su tiempo y no quiero precipitarme. Desde luego, aunque empezaré por Madrid, mi intención es moverme por la geografía española. Sois muchísimas las molonas interesadas en acudir a mis talleres, así que para mí va a ser un honor viajar siempre que se pueda para llevar la disciplina positiva allá donde vaya.

Pero, no me queda claro, ¿qué es la disciplina positiva?

Es la filosofía de los psicólogos Alfred Adler y Rudolf Dreikus, que ha sido desarrollada por las psicólogas Jane Nelsen y Lynn Lottbasados. La disciplina positiva ayuda a los adultos a entender la conducta de los niños y nos dota de herramientas para actuar de forma positiva con ellos. Este tipo de filosofía no busca culpables, sino se enfoca en encontrar soluciones entre todos, siempre desde el respeto. Sin duda, uno de los puntos fuertes que me atrajo de esta forma de educar a mis hijos fue que se trabaja a largo plazo y que, con ello, estamos ayudando a que crezcan con una buena AUTOESTIMA. Y, no solo eso, sino también que les va a dotar de buenas habilidades sociales, tan necesarias para la vida.

Entonces me di cuenta de que esto realmente no solo iba a ayudar a generar un buen ambiente familiar dentro del hogar, sino que va mucho más allá. Si abundara la disciplina positiva en las familias, en el aula y en la vida en general, creo firmemente que conseguiríamos una sociedad mejor. Si sois profesoras y ejercéis, os recomiendo sin duda que os certifiquéis en disciplina positiva ya que hay una formación específica para aplicar en el aula. Os recomiendo contactar con mi mentora, Marisa Moya.

 

Conclusión

Si algo tengo claro es que la disciplina positiva me ha hecho sentir segura de que he elegido el camino correcto como madre. Siento que lo estoy haciendo bien, incluso cuando me equivoco. Porque cada error es un aprendizaje y en una sociedad que penaliza el fracaso, es un auténtico privilegio aprender a valorar esos fallos como una oportunidad de aprender. Si dudas, si no lo ves claro, quiero que sepas que es NORMAL. Yo también tenía serias dudas al principio, pensaba que era un movimiento de hippies y lo veía como un posible nido de niños consentidos. Pero nada más lejos de la realidad, nada mejor como probar y juzgar por uno mismo.

Y hasta aquí el post de hoy, espero de corazón que os haya ayudado un poquito como punto de partida para lanzaros hacia esta filosofía de vida tan apasionante.

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