No soy de las que aman ir de compras y hacerse con los últimos modelitos. Para nada. Ya me gustaría saber un poco más de moda pero lo cierto es que no es lo mío y, aunque me gusta ir bien y verme guapa, no termino yo de cogerle el gusto. Aún así, estrenar cosas molonas me gusta como al resto de mortales. El problema llega con la ropa postparto, cuando abres el armario, nada te sienta bien y te dan ganas de salir corriendo…

El postparto

Tras mi segundo parto recuperé la figura súper rápido y casi sin darme cuenta. Fue un subidón cuando, a los dos meses de nacer niñomolón, ya entraba en mi ropa de antes del embarazo. Y claro, una se confía y piensa que eso va a ser así siempre y… como que no. Después de mi tercer embarazo me estoy esforzando mucho en recuperar mi talla pero, chicas, qué se yo, parece que mi metabolismo ha decidido cogerse unas vacaciones y está más lento que una tortuga de procesión.

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Al principio seguía enfundándome la ropa premamá pero, tras pasar unas semanas de bajón -no por el peso sino porque me sentí desbordada por todo- tomé una decisión: hacer un poco de terapia de reconciliación con mis nuevas curvas y salir a comprar ropa de transición.

Ropa postparto o ropa de transición

Ya lo sé, molonas, no he descubierto la pólvora pero es que yo soy de las que pensaba que no merecía la pena invertir ni un euro en ropa y que solo recuperando mis buenos hábitos conseguiría tirar de nuevo de mi fondo de armario. A veces me paso de optimista, lo sé.

La realidad ha sido esta:

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Que no, que los kilos parece que no tienen prisa por irse y me he visto más de un día a punto de tirar la báscula por la ventana. En primer lugar, una tiene que aceptarlo. ¡Adiós talla 38!, ¡bienvenida talla 40! No pasa nada, la barriguita desinflada está aquí y tenemos que, sino quererla, por lo menos no odiarla. Que hemos horneado, gestado y traído al mundo criaturitas requetemolonas y tenemos que sentirnos orgullosas ¡hombre ya!

No, no pensaba invertir un euro en ropa nueva y, como suele ocurrir a menudo en la maternidad: donde dije «digo» digo «Diego».

Desde luego, desde el momento en que me compré pantalones de mi nueva talla me sentí muchísimo mejor, más estilizada, con mas capacidad de hacer combinaciones y no parecer que voy siempre igual vestida. Porque os digo una cosa, llegó un momento en el que me sentía como pitufina al abrir el armario, que solo tenía una misma prenda repetida para ponerse.

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Tengo que decir que ha sido una decisión muy acertada, por fin puedo abrir el armario y no echarme a llorar por no tener qué ponerme. Además, resulta terapéutico desterrar al fin la ropa premamá que, pasado el embarazo, una ya aborrece con todo su ser.

Conclusión

Amiga mía, hazme caso, si no has recuperado tu talla y andas peleándote con el armario, con la vida, con marido y con quién se cruza por tu camino porque tu estado de ánimo está a ras del suelo, hazlo, dedícate un ratito y cómprate cuatro trapillos que te sienten bien. No hace falta gastare mucho dinero, yo, de hecho, tiré por lo más económico y encontré pantalones a razón de 12 € el par en Mulaya. También he picado algo en Zalando y Asos, pero la mejor relación calidad/ precio la he encontrado en Mulaya, sin duda. Hay quién prefiere Primark o h&m, vamos que opciones tenemos a nuestro alcance.

Y cuando esta ropa se nos quede grande, la donamos y listo. Aquí no ha pasado nada.

Después de soportar náuseas, cambios de peso, dolor de ingles, estrías, tener que hacer pis cada 10 minutos… y un sinfín de achaques que incluyen también contracciones y algún que otro punto en la mayoría de los casos, NOS MERECEMOS UN HOMENAJE.

El peligro de la ropa de transición

Cuidadín con la ropa de transición que no está hecha para que nos durmamos en los laureles. Esto no consiste en comprar una talla más, tumbarte en el sillón y comerse un litro de helado. No, no, no… el siguiente paso es establecer un plan de «ámate, quiérete y cuídate», que consiste en:

  1. Búscate la vida para tener un momento para ti cada semana, me da igual que lo inviertas en una mascarilla, dar un paseo en soledad o leer tu libro favorito.
  2. Amortiza el cochecito o el portabebés y sal a dar una vuelta a paso ligero.
  3. No compres guarrerías, si no las compras no podrás pecar, y adquiere buenos hábitos alimenticios. Ya sabes que en instagram dejé un montón de cuentas muy «top» de auténticos gurús de la cocina que demuestran en cada receta que la comida sana no está reñida con disfrutar comiendo. Súbete al carro «Real fooder» (traducción: que comas comida de verdad y des carpetazo a los ultraprocesados).
  4. ¡Hidrátate! bebe agüita y déjate de refrescos, da igual que sean «light»; el agua es tu mejor aliada.
  5. Si pudieras hacer deporte… ¡ya lo petas! marido y yo nos turnamos para hacer ejercicio, uno cuida de la prole y el otro sale a generar endorfinas (porque esto no consiste solo en recuperar la talla, sino en preservar nuestra cordura que, a veces, con niños, se tambalea peligrosamente).

«Depacito y con buena letra»

Y, por último, recordad que las prisas no son buenas, así que no nos agobiemos, «despacito y con buena letra». El cuerpo puede tardar más o menos en responder, pero lo importante es que cuidándonos ganaremos en salud y la salud es vital para sentirnos bien.

¿Preparadas?, ¡a motivarse todas!, ¡por mí, por todas mis compañeras y por mí la primera!

¡Feliz día, molonas!

 

Entre post y post os espero, como siempre, en instagram ? (de lunes a viernes no te pierdas por stories los saludos mañaneros, ¡hombre ya!)