Si has llegado hasta aquí sin leer la primera parte del parto, anda y pincha aquí ¡alma de cántaro! que leer la 2ª parte saltándose la 1ª «es mal».

Continuamos…

Previously on «Crónica de un parto inducido»

La cosa ya estaba animada de contracciones, me habían puesto la epidural, no sin dificultad dejándome la espalda casi como un colador pero ya estaba recuperando el color de mi cara.

Pasaron los minutos y las contracciones cada vez eran más fuertes y dolorosas. «¿20 minutos?, ¿han pasado ya los 20 minutos?… ¿hola? que no es que lo sienta menos, es que cada vez lo siento más.»

-«Marido, avisa a alguien porque me da que me han enchufado la anestesia donde no era»

monitores

Y oye, que pasaban los segundos y yo cada vez tenía contracciones más dolorosas. Me agarraba a la cama cual niña del exorcista… (sí, como en mi primer parto pero peor) y llegó un punto en el que ya no podía más. Así que empecé a gritar como un cerdo en el matadero. Oye, que se me fue de las manos, de cada 10 palabras que conseguía articular, 9 y media eran palabras malsonantes.

Hablaba marido y yo gritaba «¡¡¡QUE TE CALLES!!!»

Y me puse algo dramática, claro está:

– «Esto es una p*** inducción, jo***, yo no debería sentir nada, me cag******, que alguien venga y me ponga la p*** epidural yaaaaaa…»

Vuelve el anestesista, supongo que «cagaito» de miedo al oír mis lindeces del amor. Y me suelta, así sin miedo a que me lo comiera vivo:

– «Me da que has dilatado todo y por eso te sigue doliendo»

No sé cómo se atrevió a decir semejante frase y no temer por su integridad… e incluso por su vida. Un tío valiente, ya lo veis.

-¡¡¡¡SE VAYA USTED A LA M****!!!!! esto es una p*** inducción, una P*** INDUCCIÓN, COJO*** (esta frase la estoy dramatizando, no es real, es más bien lo que pensé para mis adentros pero que no dije en alto, me contuve porque, a fin de cuentas, él sería el encargado de anestesiarme otra vez, no queremos tenerle de enemigo, «amos» digo yo…).

Si es que cuando quiero me pongo de un amoroso…

Total, que mandan a la matrona a que me explore para ver cuánto he dilatado, pero hay otras 16 parturientas en planta y andamos que no damos a basto. Al fin viene y me mira. Me tranquiliza saber que no estoy completa, estoy dilatada de 5 cm, ¡MENOS MAL! solo de pensar que tenía que seguir pariendo con dolor, lloraba de desesperación. «Darse prisa que solo nos quedan 2 cm para no poder enchufarme más epidural y yo a partir de aquí soy rápida, ¡¡¡VAMOOOOSSSS QUE RULE ESA AGUJAAAAA!!!»

Pero claro, seguía habiendo overbooking y yo ahí suplicando que tuvieran piedad de mí y que mi amigo el anestesista volviera y nos reconciliásemos, como buenos amigos, así sin rencores, que yo le iba a querer un montón ¡palabrita de madre molona! Yo prometía no moverme, no ponerme pálida de nuevo, solo estar quietecita y dejarme pinchar lo antes posible.

Una hora en total, una hora con contracciones de la muerte, de las de final de parto, de las que duelen de verdad, de las que te hacen jurar en arameo que nunca jamás volverás a tener hijos…

Y volvió, con su uniforme verde y su aguja. Le vi hasta guapo. Y el residente ya, dos pasos por detrás, solo miraba a cierta distancia el hombre, sudando la gota gorda, supongo yo que por la culpabilidad. Ayyyyy residente de mis amores, practica bien en casa pinchando a un cojín pero no vuelvas a hacer esto así a nadie. Asómate anda y coge apuntes.

Y tumbada de nuevo repetimos esta desagradable parte… atinó a la primera, inyectó mi chute de droga… y en cuestión de minutos el dolor se disipó. Le quise, le quise muchísimo. La angustia y las ganas de asesinar a todo ser humano que se cruzase en mi camino fueron desapareciendo. Pero ojo, reconozco que el tío actuó cual maestro de las anestesias, me puso la cantidad perfecta para seguir sintiendo las piernas, con un poco de dolor, pero con movilidad perfecta para currarme un buen expulsivo. Mi parte muy favorita de los partos, dicho sea de paso.

Aquí ya perdí la noción del tiempo, pero puedo decir que fue muy rápido. En seguida ya estaba en dilatación completa y lista para empujar. Por primera vez en 3 partos sentía esas ganas de hacer de vientre, esa sensación de la que tanto hablan las mujeres que dan a luz sin anestesia, ganas de empujar, presión fuerte en los bajos y consciencia de que ya había llegado el momento.

Efectivamente, a las 17:30 horas nos preparamos para dar la bienvenida a minimolona, aquí llegaba mi actuación estelar.

-«¿Quieres parir de lado en lugar de tumbada con las piernas en el potro?»

Y a mí me pareció una idea de lo más molona, sintiendo las piernas y con capacidad de empujar como una campeona dije «SÍ, QUIERO». Además, me propuso poner un espejo de pie, bien grande, para que yo pudiera verlo todo. Solo puedo decir que fue IMPRESIONANTE.

Tumbada en posición casi fetal, marido sujetando la pierna que quedaba mirando al techo, y yo pudiendo sostener mi otra pierna para hacer fuerza. Muy top esta forma de parir.

Recuerdo que en los otros partos me mandaban empujar y que, cuando ya no podía más, paraba. Pero en este caso, el poder ver cómo iba saliendo su cabeza, me motivaba más y seguía empujando. No duró mucho, calculo que fueron 4 empujones y en seguida ya teníamos a mi niña fuera. Igual que sus hermanos, venía con vuelta de cordón, se lo quitaron antes incluso de que saliera su cuerpecito. Y por fin la sostuve por primera vez en mis brazos, me la coloqué en el pecho y dejó de llorar. Eran las 17:44 h. Es un momento tan mágico y único, que lo repetiría mil veces. Ese olor, esa sensación, ese no poder parar de flipar… porque a mí no me salen corazones de los poros cuando conozco a mis hijos, el amor va creciendo de forma gradual pero, tras el parto, lo que realmente siento es que es alucinante traer a una personita al mundo, con esas manitas, esos piececitos… ayyyysss… ¡me flipa!

Mientras hacía el piel con piel y marido elogiaba la belleza de nuestra pequeña (yo es que los veo más bien feitos al nacer), pregunté:

– «¿Algún punto?»

– «Nada de nada»

¡FELICIDAD! volvía a repetirse lo mismo que con niñomolón, salieron sin dejar desperfectos en su camino: «Gracias hijos míos». Ayuda mucho que no son cabezones y es que, aunque mi horno es de cocción lenta, uno pesó 2,900 kg y esta minimolona 3,180 kg.

Luego mi matrona empezó a masajear mi barriga con mucho empeño para ayudarme a alumbrar la placenta que, al parecer, andaba por ahí pegada y sin ganas de salir. Una de mis obsesiones es siempre ver la placenta, consecuencia de una anécdota de mi primer embarazo que ya os comenté en el post «El extraño arte de atemorizar embarazadas».

Al fin salió y nos la enseñaron. Me pareció casi más pequeña que la de Alonso, como una hamburguesa y perdonad la comparación si os pillo en la hora de la comida. Además, nos enseñó cómo estaba de envejecida, vamos que no estaba muy óptima que digamos para seguir gestando ahí dentro a nuestra pequeña.

Es la tercera vez que traigo un bebé al mundo, pero me sigue sorprendiendo lo increíble que es el milagro de la vida, como si fuera la primera vez.

Si vas a dar a luz solo puedo recomendarte que estés tranquila, que todo lo malo se pasa y luego, incluso, se medio olvida; que el premio que llega al final lo compensa todo, ya sea un parto natural, inducido o una cesárea; el momento de abrazar a tu bebé por primera vez es lo más increíble que va a pasarte en la vida. Lo digo siempre, yo me ahorraría las 40 semanas de gestación pero repetiría mis partos sin dudarlo.

Por supuesto, no puedo acabar el post sin agradecer la cantidad de muestras de cariño, de mensajes y todo el apoyo que recibí esos días. Me habéis acompañado y habéis amenizado muchísimo la dulce mierder espera. Fijaos, en el hospital solo dejan que una persona te acompañe en el parto, sin embargo yo tuve la sensación de estar acompañada por un batallón de madres molonas, tan pendientes, tan majas, tan generosas y tan monas. ¡Moláis mucho! no me cansaré de decirlo.

Gracias por estar ahí, por leerme y por acompañarme en mi nueva aventura maternal 😉

Y gracias al equipo médico de Puerta de Hierro, sois estupendos (sí, residente, tú también, así sin rencor).

Hasta aquí el parto de minimolona. Espero que os haya gustado, a mí medio mes después me ha encantado recordarlo y dejarlo por escrito. No quiero olvidar ni un solo detalle de uno de los días más importantes de mi vida.

¡Feliz día, molonas! nos vemos en instagram 😉