Aquí estoy con un post de desahogo. Si eres una embarazada feliz, de esas que no sufren síntomas y que llevan con orgullo el lema «el embarazo es el mejor estado de la mujer» este no es un post para ti. Te puedes quedar si quieres, pero identificada te vas a sentir CERO PATATERO.

Esta entrada se la dedico a todas las embarazadas no románticas del mundo.

Va por ustedes.

Que estar embarazada es una bendición es algo que sé sobradamente bien. Reconozco mi suerte por ser fértil y por estar sana. Pero amigas, lo cortés no quita lo valiente. He pasado de ser una persona muy activa, que iba a trabajar a primera hora de la mañana, después de toda la jornada salía pitando al gimnasio y después corriendo a recoger a los niños; luego pasaba una tarde intensa con ellos y seguía a raja tabla sus rutinas para tener una horita de tregua con marido antes de irme a dormir… he pasado de eso a ser una seta. Sí, una seta.

Todo empezó en la semana 9 de embarazo. Antes de ese momento yo estaba con todo el subidón, algo me decía que este embarazo, seguramente el último, iba a ser la pera molinera, me sentía guay, sin síntoma alguno… «¡de esta me libro!» pensé…. «ayyyyyyy alma de cántaro, pero qué confundida estabas y qué sopapo de realidad te ibas a llevar».

Semana 9 de embarazo

Arrancan las náuseas y los mareos. A medida que pasa el día van a peor, retener el desayuno dentro de mí es posible, pero la comida y la cena es algo inviable. Hago caso y como más veces al día pero en menor cantidad… no vale de nada. Para colmo, pillo un virus de garganta que me tiene ko del todo. Vamossss que empieza la fiesta…

Semana 10 de embarazo

Las náuseas siguen acompañándome, cual amigo fiel. Pero a esto se suma una nueva amiga que no había venido a verme en ninguno de mis anteriores embarazos: la migraña. El dolor es tan brutal, que lloro solo con lavarme los dientes. Mi médico de cabecera decide darme de baja, hasta nueva orden, entre otras cosas porque no me puede medicar y no quiere que vaya a más. Hay días que ni siquiera me levanto de la cama. Me da el bajón mental, inevitablemente…

Semana 11 de embarazo

Después de unos días que parecían de remontada, llegó este calor de los infiernos profundos, a incrementar un poco más mis síntomas. Y aquí sigo, vomitando como una top model, contracturada del esfuerzo pero, al menos, con las migrañas casi controladas que solo hacen aparición estelar alguna noche suelta. Los mareos son mortales, la fatiga es tremenda, si subo las escaleras necesito al menos 20 minutos de recuperación, si me lavo el pelo necesito 30 minutos tumbada en la cama… seta, ¡soy una seta!

Aunque no lo parezca, no soy una persona quejica… cuando no estoy embarazada. Cuando lo estoy, de verdad que no disfruto. Por experiencia sé que cuando llegan las pataditas y las ecografías muero de amor y de alegría, pero el resto del tiempo me tortura no sentirme yo. Las que me conocéis por instagram lo sabéis, soy optimista y alegre por naturaleza, esta que os habla ahora es el ser humano en el que me convierto cuando las hormonas se apoderan de mí y tengo un trabajo 24 horas non-stop llamado «gestar una vida nueva».

Y aún así repito, es mi tercer embarazo porque a mí ser madre me mola mucho, incluso parir (va por ti, primeriza, que sufres pensando en ese momento). Encima tengo suerte porque mis postpartos son maravillosos. Siempre digo que yo depresión postparto no tengo porque la depresión la paso durante el embarazo (exageración, claro está, no estoy depre pero sí de mucho bajón).

El lunes llegaré a la semana 12 y esto para mí es una lotería. El «tranquila, en el segundo trimestre estarás bien» lo cojo con pinzas hasta que vea que es verdad. Con niñamolona pasé de esa semana sin cambio alguno, las náuseas y el malestar me acompañaron durante todo el embarazo. Con niñomolón sí, fue llegar a la 12 y notar mejoría como por arte de magia. La diferencia en este último es que, en lugar de estar bien por las mañanas y medio morirme por las tardes, estoy chunguita desde primera hora.

Ante la duda, prefiero no pensar y seguir aquí, gestando y quejándome en la soledad de mi hogar. Y ahora reivindico:

  • Nuestro derecho a quejarnos sin remordimiento
  • Nuestro derecho a decir que nos encontramos mal y lanzar mirada asesina al que se atreve a decir «estás embarazada, no enferma»
  • Nuestro derecho a saquear un helado de litro porque nos lo merecemos
  • Nuestro derecho a llorar si nos da la gana
  • Nuestro derecho a jurarnos que «una y no más Santo Tomás» (aunque luego sea mentira podrida y repitamos)…

Afortunadas SÍ pero puteadas -y perdonadme la expresión- TAMBIÉN, hombre ya…

Y ahora que alguien haga el favor de quitar la calefacción.

Gracias.

Piel con piel

Y entonces llega este momento y a mí se me pasa todo 🙂

 

Molonas, os espero en instagram 😉