Todas las que habéis seguido con expectación las «Crónicas preparto» en redes sociales ya lo sabéis, el 1 de septiembre -cumplidas las 41 semanas + 3 días de gestación- y llegado a su fin el ultimátum para que niñomolón abandonase el «Hostal Placentil» por voluntad propia, procedimos a llevar a cabo el «desalojo forzoso». Había llegado el momento de la inducción. Nervios, incertidumbre y, sobre todo, un sentimiento de decepción se apoderaron de mí… y es que, ¿cuántas veces me habían dicho que los segundos hijos se adelantan?, ¿cuántas veces había oído que los segundos partos son más rápidos?, ¿cuántas veces, señor?, ¿cuántas veces?

Si hay algo en lo que siempre incido en el blog es que no debemos hacer mucho caso de las cosas que nos digan porque cada embarazo es un mundo, cada parto es un mundo, cada niño es un mundo, cada madre es un mundo. Pero me dejé llevar por el optimismo y la esperanza, ¡que una es humana!, ¡oigan!

Intentos frustrados de provocar el parto

Queridas mías, probé cada uno de los trucos y métodos para que el parto llegara de forma natural. Gracias a eso hoy os afirmo con rotundidad que cada tiempo de gestación es UN MUNDO. Accionar el mecanismo no depende de nosotras y todas esas cosas que hacemos para adelantarlo son puro entretenimiento. «A mí me funciono hacer el Camino de Santiago»; «A mí comer chocolate caliente»; «A mí ponerme una hoja de laurel en la frente e invocar a los espíritus de la fertilidad dando vueltas alrededor de una hoguera»… Placebos, amigas, SON PUROS PLACEBOS. Todos estos métodos sirven para una cosa:

  • Mantenernos entretenidas mientras la naturaleza sigue su curso. El día que te pusiste de parto tuviste que comer algo, ¿no? pero ese alimento no desencadenó el parto, estoy convencida casi en un 99,9% (súper científico lo mío, ¿eh? jaja)

Dicho lo cual, yo he desmontado varios mitos:

  • Caminar solo me sirvió para tener dolores fuertes de ingle y que la ciática volviese con alegría.
  • Tomar chocolate caliente… caliente no porque con estas olas de calor, ¡cualquiera! pero el chocolate ha estado presente y niñomolón se ha pegado unos buenos bailes en mi interior gracias a él.
  • Ronear con marido, y mira que alcanzadas ciertas dimensiones una no está para mucha acción…
  • Comer fabada. Sí, lo hice, y menuda tortura el aluvión de comentarios diciéndome que, como me pusiera de parto, las iba a pasar canutas yo y todo el personal sanitario a golpe de gases… (y no fue así, ¡gracias a Dios!).
  • Darle caña a la comida picante. ¡Me falto echar guindilla hasta en la leche por las mañanas! y nada de nada.
  • También le di a los ejercicios con la Pelota de pilates, esto muy a mi bola (y nunca mejor dicho) pero estaba cómoda y entretenida.
  • Subir y bajar escaleras que de parto no me puse pero mi «culito» está muy agradecido.
  • Infusiones de frambuesa: estuve a puntito de comprarlo a la desesperada, pero luego leí que de nada valía tomarlo justo en el último momento, esto hay que ir administrándolo poquito a poco.
  • Estimular los pezones ¡ja!, ni de broma, por ahí sí que no paso, me los dejen tranquilos que los tengo muy sensibles, gracias…

Así que, a pesar de todos mis esfuerzos, el parto no llegó. Con niñamolona me puse de parto 3 días antes de que me lo fueran a provocar, es decir, a las 41 semanas clavadas. Pero este molón no, ¿para qué iba a salir antes? este niñomolón quería ser recordado con un nuevo apelativo: el de «niñoREmolón».

Y así me encontré el último día de agosto, haciendo al fin, y con resignación, la dichosa maleta del hospital. Aunque antesparto
conciliar el sueño esa noche no fue tarea fácil, niñoREmolón decidió dejarme dormir para que su madre estuviera decente el día de nuestra gran cita. Me levanté con cierta emoción e incluso ganas… ¡hasta me lavé el pelo! Sí, si esta programación tenía algo de bueno es que me iba a pillar con la melena limpita y con la ITV pasada, que una es coqueta hasta para parir. Me vine arriba y decidí subir los ánimos, en parte, gracias a todos vuestros mensajes que tuvieron MUCHO que ver. ¡Hasta me hice foto antes de salir de casa, posando cual Isabel Presley en su mansión de Miami! (salvando las distancias, el casoplón y las curvas).

En el hospital

Una va al hospital ese día como si fuera la única protagonista de la historia, te imaginas que te están esperando, que está todo listo para el estreno (qué imaginación tengo, madre mía, hasta alfombra roja visualicé). Pero no, ¡qué va!, ahí estás tú esperando tu turno como si de una revisión rutinaria se tratase. Entras en consulta y te preguntan «Bueno, ¿por qué estás aquí?»…. y tú, perdiendo ya del todo ese afán protagonista que te caracteriza, respondes «mmmm… vengo a que me provoquen el parto, básicamente».

Y aquí acelero la historia porque si no se os va a hacer eterna. De aquí fui a monitores una hora larga. De monitores a que me explorasen para decirme el método de inducción a seguir, que estás cosas tienen sus diferentes protocolos de actuación dependiendo de lo verde que estés. En la exploración me dijeron que no es que estuviera verde, no, ¡es que estaba casi virgen!: 1 cm dilatado y el cuello del útero íntegro y sin intención de abrir camino para niñoREmolón.

«Y el jurado ha determinado que el método de inducción al que vas a ser sometida es…» (redoble de tambores)

  • Administrar prostaglandinas, que actúan a su ritmo, despacito y con buena letra, por lo menos en mi caso. Estas hormonas simpáticas se administran con una especie de tampón que ayuda a madurar el cuello uterino y estimulan contracciones. Puedes tenerlo ahí metido haciendo su trabajo ¡hasta 24 horas!… ¡¡¡24 horas!!! «Venga ya, no me fastidiéis»… «sí te fastidiamos, sí». Mi matrón, encantador donde los haya, me lo explico todo con calma y con cariño para, a continuación, depositar ese tampón mágico y que la fiesta comenzara.
  • Después, si fuera necesario, que daban por hecho que así sería, ya me darían más caña con oxitocina por vía intravenosa. 

Y, aunque yo me había puesto mis mejores galas y me había lavado el pelo, la fiesta no terminaba de arrancar… encima estábamos en paritorio, es decir, ni tv, ni pistachos para marido (la historia de los pistachos viene del post de la dichosa maleta), ni nada de nada. Solo esperar. Menos mal que marido, que es bastante más previsor que yo, trajo su iPad y pudimos ver alguna  que otra serie para hacer tiempo, que nos queremos mucho, pero habíamos fundido ya todos los temas de conversación habidos y por haber.

Así, desde las 12 de la mañana -entramos en el hospital a las 9:30 h.- hicimos tiempo. Yo, por mi parte, no sentía nada de nada. A las 15.00 h. o así nos mandaron a planta, para que estuviéramos más entretenidos y poder recibir visitas. Vinieron mis padres un ratín y a última hora de la tarde se fueron.

Entonces fue cuando a las 21:00 h. me mandaron de nuevo a monitores y entonces…

«CONTINUARÁ»…

No os enfadéis, es que si no el tema se hace muuuuy largo y nos cansamos todos mucho… y todavía queda la parte de las emociones fuertes y tenemos que tener energías, jajaja. Todos atentos para la llegada del próximo capítulo, mañana a la misma hora (incluso un poquito antes) y en el mismo canal…

¡Les espero!

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