Disculpad el título, muy de la Pantoja, pero no he encontrado una mejor forma de arrancar con este post. Si hay algo realmente torturoso en la vida de bebés y padres es la salida de los malditos dientes. Horror, drama, tragedia… toda esta mezcla de emociones acontecen en Villa Molona cuando una puntita de marfil intenta hacerse camino en las rosadas encías de la niñamolona.  Tal y como os conté en el capítulo de los cólicos, puedo dar fe también de que la dentición tampoco es nada divertida.

Previos

Podríamos denominar esta etapa como «La historia interminable».  Cuando el bebé tiene pocos meses de vida babea, muchas veces incluso de forma exagerada y, además, suelen meterse la mano en la boca sin parar.  En ese momento todo el mundo te dirá lo mismo:

– “Vaya, está echando los dientes”.

Y tú, que eres nueva en esto, vas y te lo crees. Y esperas, esperas… esperas, esperas… y no llega (o sí).  Porque para los dientes, amigas mías, no hay un calendario fijo como el de la vacunación; salen cuando les da la gana, a los 4 meses, los 6, los 8… pueden venir solos, a pares o, incluso, darlo todo y organizar una orgía dental, “¡aquí salimos todos o ninguno!”.  No es una ciencia exacta, así que acepta opiniones y consejos pero ten paciencia porque cada niño tiene su ritmo.  Para que os hagáis una idea, Claudia hasta los 10 meses largos no echó los primeros y hoy, 4 meses después, lleva solo 4 fuera.

Pistas que pueden indicar que los dientes están a punto de caramelo

Llanto repentino

Sí, de pronto, sin razón aparente pegan un grito desgarrador.  Tú no entiendes nada, total, ya han pasado 3 meses desde que todo el mundo achacaba cualquier molestia a los dientes (es algo así como «el comodín del público”), así que tú ya no te acabas de fiar del todo.

Noches horrorosas

Parece, por lo menos en nuestro caso, que los dientes tienen predilección por salir de noche.  Es una mezcla entre ganas de juerga nocturna y el hombre lobo que sale a la luz de la luna.  Sí, no es nuestro momento favorito del día, pero el de los dientes sí, así que no te extrañe que se despierte varias veces, alguna vez llorando, otra que se desvele y no se quiera dormir, etc.

Cacas radioactivas

Es un fenómeno paralelo que merece la pena ser comentado.  Ya sabéis que a mi hablar de cacas no me gusta.  Es de esas cosas que me prometí a mi misma que jamás haría al convertirme en madre… y que no, no he sido capaz de cumplir (para muestra, «Nunca digas de esta caca no hablaré»).  El universo caquil resulta apasionante, tus cacas realmente hablan de ti sin parar.  De pronto cacas de lo más sueltas, de pronto estreñimiento, así sin avisar, alternando una cosa con la otra.  Encima son cacas radioactivas y a tu bebé se le pone el culo rojo como el de un mandril.  De verdad, este tema es serio, conviene cambiar el pañal en seguida porque les hace polvo.  Y, si ya está irritado, tened a mano un buen tubo de Mitosyl, es MANO DE SANTO; un buen pegote y culito nuevo. Además, ahora que empieza el calorcito, tampoco viene mal dejarles con el culo al aire (que imagínate tú misma con un pañal ahí con todo el calor y sus «acontecimientos» acumulados, ¡ojú!).

Falta de comunicación

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Daños colaterales de la dentición: que te despistes y que la niñamolona le hinque el diente a un pimiento en el súper.

Uno de los grandes males para los bebés es que los pobres no tienen el don de la comunicación y, por lo tanto, no te pueden comentar que lo que les duele es la boca a rabiar.  Pero bueno, pistas nos dan, además de las cacas corrosivas, en ocasiones puede darles algo de fiebre y, algo que no deja lugar a dudas, es su fijación por morder compulsivamente todo lo que pillan por su camino. Que sí, que niña molona lo muerde todo esté o no esté saliendo diente, pero si os fijáis os daréis cuenta de que es especialmente llamativo el grado de histeria con la que muerden en esos duros momentos dentales.  En nuestro caso, el babeo no ha sido especialmente llamativo pero me consta que lo normal es que babeen hasta empaparse la ropa.

Sí, en la vida del bebé no todo es tan fácil como lo pintan. Pero bueno, cosas como estas hay que pasarlas y se superan.  Dicen que, si tuviéramos que pasar de adultos esos dolores, tela marinera, así que sed pacientes y tomad nota de algunos de los trucos que nosotros hemos utilizado para aliviar el drama (y seguimos utilizándolo); no son milagrosos pero ayudan:

  • Mordedor específico para congelar.
  • Tenderán a morder cualquier cosa que sea de metal, yo al principio lo impedía pero, finalmente, me acostumbre a que descargase su ira con las patas de la silla o con el tirador de la nevera.
  • Chamodent, es un medicamento homeopático más suave que otros medicamentos.  Me lo recomendó mi homeópata, diluido en agua, le daba sorbitos durante la tarde y la noche.  Si os interesa no dejéis de consultar a vuestro farmacéutico y/o pediatra u homeópata.
  • Collares de ambar.  Llegado a este punto os digo que no lo he probado, ni pienso hacerlo.  De estos collares dicen que alivian el dolor de los pequeños pero, sinceramente, el miedo a que pueda estrangularse me echa completamente para atrás.  Si lo habéis probado os agradecería que dejaseis un comentario después del post para conocer vuestra experiencia.
  • En alguna ocasión, pocas, le hemos dado paracetamol.  Sin embargo, al consultarlo con el pediatra, nos dijo que era preferible el ibuprofeno (por ser antiinflamatorio).  Aún así, no me gusta demasiado medicar a la niñamolona e intento hacerlo sólo si es estrictamente necesario.  De todas formas, el uso de cualquier medicina tenéis que consultarlo siempre, siempre, siempre con vuestro pediatra.

 

Esto es todo por hoy y, próximamente, prometo post muy completo sobre salud bucodental infantil, que es un tema muy interesante y del que hay bastante desconocimiento.

¡Feliz semana a todos! y mil perdones por estar tan desaparecida.  Espero tener más tiempo cuando entregue el maldito proyecto fin de máster.

Entre tanto os espero en twitter, en Facebook y en instagram.