Parecía que la cosa había terminado en “Ahora la celosa es ella” pero no, la niña molona es bastante más astuta de lo que pensaba y así me lo está demostrando con los últimos acontecimientos.  Para los que no sepáis de qué va esto, no perdáis detalle de los capítulos anteriores “¿Celosa yo? Sí, ¿qué pasa?” y “Ahora la celosa es ella”.

Aparentemente habíamos firmado la paz, prometí no picarla más haciendo carantoñas a marido y, a Dios pongo por testigo que he cumplido mi parte; pero ella tenía sed de venganza y así lo ha demostrado en este nuevo episodio de celos patológicos.  Algunas ya conocéis esta historia por instagram y facebook, pero creo que es lo suficientemente importante como para merecer un señor post.  Allá vamos:

Todo ocurrió un bonito fin de semana de febrero, no uno cualquiera, no, era el finde en el que celebrábamos nuestro aniversario de boda (boda sorpresa exprés, que sí, que ya me lo habéis pedido y habrá relato, lo prometo).  Bien, marido molón decidió sorprenderme con un fin de semana romántico festivo, de catas de vinos y castillos bonitos.  Niña molona se quedó en una posición privilegiada, la casa para ella sola y el mejor de los acompañamientos consentidores: su abuela molona.

Llegamos al castillo bonito, cenamos, echamos de menos a la pichurra, hicimos la llamada de rigor: todo en orden.  Niña molona feliz y abuela molona más feliz todavía.  A la mañana siguiente, sábado por la mañana, suena mi móvil.  ¡Me había llegado un mensaje con un vídeo en el que se la veía andando ella solita!

¿Qué os parece? niña molona, mas conocida como VENGADORA PROFESIONAL, ¡¡¡decidió dar sus primeros pasos cuando no estábamos!!!  No habían pasado ni 24 horas de nuestra ausencia y ahí la tenéis, ¡poco más y hace el Camino de Santiago!  Nuestra indignación fue máxima pero, ¿sabéis lo peor? ese sentimiento de pena y remordimiento que se nos quedó en el cuerpo, ¿cómo se puede caer tan bajo?, ¿chantajear emocionalmente a tus padres por estar 2 días fuera?  Pues sí, ahí la tenéis, la que parecía una mosquita muerta, tan mona, tan ideal, tan aparentemente inofensiva, es toda una rencorosa.

Por supuesto, aguantamos ese sábado completo como pudimos y a la mañana siguiente, a primera hora, salimos a toda prisa rumbo a casa para ver in situ a nuestra pequeña caminante.  La abuela no entendía nada, cómo no aprovechábamos el fin de semana completo con lo encantada que estaba ella cuidando de su nieta.  Sin embargo, la mirada de niña molona fue bien distinta, por encima del hombro, casi perdonándonos la vida, sin hacernos ni caso… ¡ni si quiera se iba a los brazos de padre molón!  Venganza absoluta y rencor en estado puro.

Ya han pasado dos semanas y ahora parece que, al fin, ha llegado la paz a Villa Molona, aunque he decidido no cantar victoria, no me preguntéis por qué pero no me acabo de fiar del todo, veremos cómo evolucionan los acontecimientos y, mientras tanto, no le quito ojo, no vaya a ser que se ponga a hablar y no esté delante para rebartirle lo que tenga que decir.  No dudéis que lo haré.