Nunca he sido una mujer celosa, más bien poco o nada.  Puedo presumir de tener una enorme seguridad en mi misma y de creer que “no tengo competencia” (llamadme chula, pero os aseguro que la actitud es lo que cuenta).  Ahora bien, ¿quién me iba a decir a mi que tendría que esperar a ser madre para sentir celos? muchos celos, muchísimos celos, celos de los de verdad, celos, celos, celos… me explico:

nic3b1os_celosDesde que niña molona llegó a nuestra humilde morada se hizo con el monopolio del hogar, hombre, era de esperar, ella siempre ha tenido todas las de ganar porque juega con ventaja: es pequeñita, ideal, a pesar de tener una cabeza desproporcionada para su cuerpecín, como todos los bebés, y de estar rechoncha tirando a gordita, todo en ella es amoroso, sus piececitos, sus manitas, su naricita, sus pelitos de punta, sus bostecitos… ¡hasta las flatulencias son jorobadamente monas!, resulta imposible competir con eso.  Pero claro, una que es madre primeriza pero, ante todo madre, se espera un trato especial por parte del bebé que con mucho esfuerzo has horneado durante 9 larguísimos meses y que has parido después de dolorosísimas contracciones, ¿o no?, algo de enchufísmo se merece su progenitora, ¡digo yo!

Pero de lo que debería ser a la realidad hay un abismo.  Esto de que niña molona y padre molón fueran a fundar su propia cuchipandi y que a mi me excluyeran de este selecto club es algo que no, que no te lo esperas ni de lejos.

Y es que puedo confirmar y confirmo que sí, las niñas son de los papis, y además desde el minuto uno.  Da igual que te lo curres, que llegues de trabajar, te quites los tacones y te tires en la alfombra a jugar con ella toooooda la tarde.   Que cantes canciones que hablan de platos y teteras, que bailes ridículas coreografías o que le des la merienda mientras haces el canelo.  Es igual, todas tus tácticas para ganarte un primer puesto en su ranking de personas favoritas son insuficientes; de pronto suena la puerta y un feliz y masculino “Hola” eclipsa a la niña molona y concede a la progenitora  un poder hasta ahora desconocido por ella: la invisibilidad.

unamadremolona

Sí, dejo de existir.  El mundo se para y padre e hija se funden en un tierno y largo abrazo, disfrutan juntos, ríen, se divierten, se deleitan en esa estampa de amor… y yo, fuera de ese marco de corazones de colores y en un segundo plano (porque no hay un tercero o un cuarto), a punto de sufrir diabetes por tal saturación de amor edulcorado, decido mirar a otro lado y dedicarme a mi, que seré invisible pero no gilipollas.

Hay quién me dice que tengo suerte de que la heredera no tenga mamitis pero, no puedo mentir, os lo confieso aquí en privado, entre vosotros y yo, ¡¡¡que siento celos!!!, ¡¡¡muchos celos!!! y decido retomar tácticas del pasado, de cuando una estaba en edad de merecer y ligaba por los bares: ignorarles y hacerme la interesante.  Eso en antaño resultaba irresistible pero, por ahora, en este caso que nos ocupa, os soy sincera, no me está funcionando, ¿para qué mentirnos?

Creéis que exagero, ¿verdad? Os voy a contar, como dato, hasta qué punto hemos llegado:

Niña molona está mala, malísima, le están saliendo los dientes y se le ha sumado un catarro que la tiene pachucha «perdía».  Pues bien, estaba la pobre en brazos de su “querido y preferido papi” cuando llegué yo, con mi “modo ignorar-ON» y así, sin comerlo ni beberlo, sin esperarmelo de ninguna de las maneras, me miró con ojitos de Gato con Botas y extendiendo sus brazos vino hacia mi, SEÑORES, ¡¡¡HACIA MI!!!; no me lo podía creer, de hecho miré atrás por si acaso estaba la abuela molona, su segunda persona favorita después de su papi.  Pero no, de pronto me percaté estupefacta de que yo era la elegida, ¡YO!; un halo de luz recorrió la trayectoria que nos separaba, la cogí y la achuché como si no hubiera mañana, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y entré en un estado de enamoramiento sublime.  Justo en este momento de éxtasis, en el que empecé a entender la cara de imbécil que se le pone a mi marido cuando la tiene en brazos, escuché al susodicho decir:

– “Buffff…. Sí que está mala, la pobre no sabe ni lo que quiere…

Explotó, sin ningún tipo de pudor, la burbuja sobre la que estábamos levitando niña molona y yo.

Conclusión: si la niña prefiere los brazos de madre antes que los de padre, es que una de dos, o la pobre tiene una fiebre tal que le hace delirar y que la incapacita para tomar decisiones con claridad y de manera consciente, o que se ha vuelto loca, pero ¿cómo va a querer venir con su madre teniendo ahí al lado al favorito?

Finalmente puntualizo, aunque a marido molón –un poco menos molón desde que se atrevió a lanzar ese comentario impertinente- le moleste, lo cierto es que la niña molona, por primera vez en sus 8 meses de vida, ¡¡¡TIENE MAMITIS!!! Sí, he ganado posiciones, sin saber muy bien cómo ni porqué, he sido la elegida y ahora me echa los brazos, me busca, gatea hasta agarrar mi pierna, me abraza, no me quita la cara cuando me la como a besos…

Esperemos que esta situación dure -sin necesidad de que esté febril y delirante- porque antes no sabía lo que se sentía pero ahora os digo que esto engancha, es como la droga, primera dosis gratuita y estás perdida para siempre.  Así estoy, cruzando los dedos para seguir siendo su persona favorita pero, ante la duda, lo que sí voy a hacer es aprovechar mientras dure e ignorar a mi marido, que es hombre y estoy segura de que con él fijo que la táctica me funciona.