Esta es, sin duda alguna, una de las frases que más he escuchado desde que me convertí en madre molona.  Y es, también, el consejo al que menos caso he hecho con diferencia.  Yo no voy a decir qué tiene que hacer cada cual con su vida, ni cómo tenéis que ejercer vuestra labor de padres, ¡faltaría más! Pero sí os voy a contar mi experiencia, por si os pudiera servir de algo.

Tras escuchar la frasecita «no le cojas en brazos que se acostumbra» sin descanso, a una se le mete en la cabeza que coger en exceso a su retoñito no está bien porque, claro, retoñito se acostumbra y luego vas a tener que llevarle en brazos hasta el día en el que se independice, es decir, con suerte a los 30 años largos.  Así pues, ocurre lo siguiente.

–       Niña molona llora.

–       Atiendo a niña molona siguiendo los pasos del sota, caballo y rey.

–       Niña molona continúa llorando.

–       Observo a mi pequeña llorando y decido no cogerla, aguantar, aunque me caiga una gota de sudor frío por la frente de la angustia y tenga un nudo en la garganta que no me deja respirar.

–       Niña molona me mira como diciendo “¿PERO ES QUE ESTÁS SORDA O QUÉ?, ¿QUÉ HE HECHO YO PARA MERECER ESTO?”

–       Miro a un lado, miro al otro… no hay moros en la costa, cojo a mi niña y la abrazo como si no hubiera mañana al son de «Lo siento, lo siento, lo siento…»

–       Niña molona deja de llorar.

–       Yo dejo de sufrir pero tengo cierto sentimiento contradictorio, algo así como culpabilidad y me digo “Puffff… qué mal lo estoy haciendo, ya verás, se va a acostumbrar a los brazos y luego no va a haber forma humana de desacostumbrarla”.

Otro día estábamos comiendo mis padres, mi marido y yo.  Claudia estaba en la cuna de viaje durmiendo.  Se despertó y se puso a llorar.  Nos propusimos no cogerla para que “no se acostumbrase”.  Tras 10 minutos larguísimos, eternos mejor dicho, no pude más y la cogí.  Pero ¿qué necesidad tengo yo de verla llorar?, ¿cómo voy a estar ahí mirando cómo sufre y yo, en actitud fría y calculadora, me voy a quedar impasible y sin hacer nada?, ¿pero qué invento es este?  Desde ese día me juré a mi misma que nunca más iba a dejar de atender a mi hija cuando llore.

Y así estás, haciendo lo que te dicta el corazón pero pensando que lo estás haciendo rematadamente mal, hasta que un buen día se te ocurre coger ese libro que te regalaron durante el embarazo y al que no has prestado ni un poquito de atención.  Y leo lo importante que es abrazar, besar, coger en brazos… y de pronto, siento el mayor alivio de mi vida.  ¿El libro?, sí lo has acertado, es el que recomiendo siempre, “Comer, amar y mamar. Guía de crianza natural, de Carlos González”.  (Carlos, si me lees, ¡soy tu fan number one!, ¡gracias, gracias, gracias!)

¿Qué os parece? Me habían metido en la cabeza que coger a mi niña era malo y yo me lo creí, tampoco lo pensé mucho, sencillamente seguía lo que mi cerebro tenía ahí grabado yendo completamente en contra de mi instinto.  Porque a mi lo que me dice mi instinto cuando mi niña llora es que la coja y la tenga cerquita de mi, que la mime, que la calme… ¡que para eso soy su madre! Así lo hice siempre excepto que, antes de la lectura lo hacía con sentimiento de culpabilidad y después de la lectura lo hago aliviada, feliz, sin culpas y muy, muy segura de mi misma y de que lo estoy haciendo, ahora sí, rematadamente bien.

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¿Cómo resistirse a esta carita?

Un día hablándolo con mi marido le dije:

“La voy a coger siempre que quiera porque Claudia solo va a ser niña una vez”

¿Os podéis creer que él empezó a hacer exactamente lo mismo? Y, es más, empezó a utilizar esta frase y a hacerla suya (eso es muy de mi marido, forma parte de su encanto).  Hablando con él le dije “¿A que ahora te sientes aliviado?, sabiendo que cogerla es bueno y que está bien” y me dijo ligeramente sorprendido “pues sí, la verdad es que sí”.

Además, creo que los bebés lloran siempre por una razón.  Una de ellas puede ser que necesiten el calor de sus padres, mimos, cariño y ¿por qué se lo vamos a negar? Cuando tú estás mal, tienes un mal día y estás claramente triste, ¿te gustaría que la gente que te quiere te ignorase?, ¡no vaya a ser que te acostumbres a que te demuestren afecto y lo empieces a pedir siempre!

No estoy criticando a quiénes deciden no cogen en brazos a sus hijos, que nadie se me ofenda.  Insisto en que respeto a cada uno con sus decisiones pero yo, por mi parte, solo pido una cosa, que me respeten a mi con la mía.  Es probablemente una actitud egoísta, la cojo porque mi hija se siente bien y yo mejor todavía, ¿qué puede haber de malo en ello?  Estoy segura de que hay más de una o de dos, o de cien madres más, que han pasado por esto y ¿quién sabe?, igual hay alguna mami reciente por ahí leyendo esto que, a partir de ahora, va a hacer lo que le diga su instinto y va a coger a su bebé en brazos cuando llore, achuchándole sin miedo a estar haciendo algo mal, sintiéndose fenomenal ella y, por supuesto, en la gloria el querubín.

Conclusión: ¿Quién sabe? Igual algún día me arrepienta pero, hoy por hoy, no conozco a ningún adolescente que vaya por la calle cogido en brazos de su madre porque se acostumbró de pequeño.

Ya sabéis, vuestros comentarios, experiencias y demás son muuuuy bienvenidos, aunque difieran de mi opinión.

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