Yo buscaba en internet, en foros principalmente… “¿merecerá la pena hacerse la eco 4-D?” y todo lo que veía apuntaba a que sí, a que era una pasada, incluso amigas y conocidas me lo decían, “¡luego ves al bebé y flipas!, ¡es calcaito al de la eco!”… pero ¿cómo me iba a quedar yo sin pasar por una experiencia como esta?, ¡¡¡ver la carita de Claudia por primera vez!!!

Lo único que me echaba para atrás era el precio, unos 100 €, pero una oferta llamó a mi puerta, (bueno, más bien a mi correo electrónico), y yo que soy mucho de creer en el destino, pensé que por 49 € eso ya era otra cosa. Además, llegados a este punto del embarazo, una ya no puede repirmir las ganas de conocer al bebé que con todo su esfuerzo –y sus correspondientes síntomas- está gestando en su hornito. Así que, aunque recomiendan hacerla entre la 24 y la 30, se nos pasó un poco y la hicimos en la semana 33, “¿qué más da?” Me dije, “estará más hechita, ¿no?”.

Es importante no echarse cremas durante los dos días previos a la cita y tomar algo dulce como media hora antes de la eco para que el bebé esté animadito.

Fuimos mi marido, mi madre, mi suegra y yo (sí, si me dicen que pueden entrar 3 acompañantes, yo aprovecho). Entramos en la consulta, me tumbo, descubro mi tripa y comienza. Me echa el gel fresquito, fresquito, aprieta, busca y después de unos segundos largos dice: “parece que no nos deja ver la carita”… “vaya, se tapa con el brazo”… “está un poco complicado”….. y seguía intentándolo, para un lado, para el otro, le metía un meneo y venga y dale…

……. “Espera, ¡mira!, está chupándose el dedo y el cordón umbilical, ¿lo ves?”…

– “Si tú lo dices” -pensé.

– “Uy, se está enfadando porque estoy venga a moverla, claro, no le gusta…”

Después de unos minutos de tensión mano a mano, ecógrafa-Claudia, Claudia-ecógrafa, la cosa empezó a coger forma, espera, vemos un pie ideal con todos sus deditos perfectos y chiquititos, la manita regordita, ¡qué maravilla! y, al fin, el tema se anima, la emoción crece, ¡espera!, ¡lo tenemos!, ¿eso es lo que parece? creo avistar un ojo, la orejita… y…. y…

…Y de pronto, la vimos… vimos su cara.

Se hizo el silencio.

Seguimos en silencio.

(Cri-cri, cri-cri, cri-cri… una bola de paja procedente de una película del oeste pasó de un lado al otro de la consulta)

Y finalmente, mi marido, rompió el silecio y exclamó:

“¡MADRE MÍA QUÉ NARIZ TIENE!”

Roto el hielo mi madre y mi suegra se vinieron arriba:

– “Pues sí, sí… hay que reconocer que sí tiene un buen “pegote”, la verdad”

Yo… sin palabras. Miraba a la pantalla con los ojos muy abiertos y apreté la mano de mi marido con fuerza.

“CIELOS, QUÉ NAPIA” pensé.

Encima la pequeña no tenía cara de buenos amigos, tenía el ceño fruncido y una cara de antipática que no, que no la habrías elegido como amiga ni de coña, ya te lo digo yo.

Imagen

Y esta es en la que mejor salía, en las otras el enfado daba hasta miedo.

Salimos de allí. Fuimos al mostrador a que nos entregasen el dvd.

– “¿Quieren unas cuantas imágenes impresas?, por solo 50 € le hacemos un “collage”

– “No, gracias, creo que vamos a pasar”, dije yo.

Me despedí de mi madre que, encima, me dio un abrazo muy fuerte, de esos que las madres dan como para animar, lo que me hizo temer lo peor “puuuufffff… pues sí que la ha tenido que ver fea, fea pero fea de verdad”.

Nos fuimos a casa, con un dvd en las manos y pensando en ir salvando pasta para la futura rinoplástia de nuestra pobre “heredera” (como la llamamos cariñosamente con cierta ironía).

Puse el vídeo en casa y ya más tranquila tomé varias fotos con el móvil y me decía a mi misma: “mira, si es feita la pobre por lo menos será simpatiquísima y graciosísima” pensé, obviando su cara de mala leche, claro.

Oye, a lo largo de la historia han existido personas con enormes narices que han llegado muy, muy, pero que muy lejos en la vida; así sin pensar mucho se me ocurre Bárbara Streisand, Sarah Jessica Parker o Jennifer Alinston… Blossom… Rosi de Palma… en fin, vamos a dejarlo.

Mi padre me llamó esa noche, he de añadir como dato que la dimensión naricil de mi progenitor es, cuanto menos, notable. Percibí un claro tono de preocupación y culpabilidad, por eso de los genes y, ni corto ni perezoso, me dice (textualmente, juro que no exagero):

– “Tú tranquila hija, que seguro que luego le crece la cara y la nariz parece más pequeña”

¡¡¡TOMA GEROMA!!!

– “Gracias papá, buenas noches”

Aunque pasamos muy rápido del susto a las bromas, confieso que cuando nació yo le veía la nariz gigante, probablemente porque ya me había hecho a la idea. Y mi marido me decía “¡qué no!, ¡qué es preciosa!”.

Ahora en serio:

Si te planteas hacer la ecografía 4D, con mi experiencia, te recomiendo que no la hagas después de la semana 30 porque el bebé cada vez está más grande y tiene menos espacio, por lo que puede estar estrujado, como cuando aprietas tu cara contra un cristal. Lo que nos pasó a nosotros es que la niña no cabía bien, la “enfermera” tuvo que apretar mucho para atravesar el brazo y llegar a la cara, pero claro, llegados a ese punto, y con el líquido amniótico haciendo efecto lupa, la pobre estaba deformada.

Yo, sinceramente, no sé si repetiría, pero es una experiencia más, completamente prescindible aunque entiendo que hace ilusión, ¿para qué mentirnos?, son muchos meses gestando y una tiene ganas de ver a su pequeño retoño.

He de añadir que hoy por hoy Claudia es preciosa y tiene la nariz hasta pequeña y respingona, no se parece en nada a la niña que vimos en la eco, es ideal (¿qué voy a decir yo que soy su madre?) pero, en serio, aunque tuviera la napia más grande que los hermanos Carmona, la querríamos igual o más. Que no quiero que nadie piense que somos unos superficiales 😉

Conclusión: hazla si quieres pero no te pongas las expectativas demasiado altas con respecto a su fiabilidad. Muchas veces la postura no permite ver su carita y eso puede resultar decepcionante. Y ojo, en muchos centros además no se hacen responsables y, si por lo que sea no se le ve la carita, no te devolverán el dinero (consultad siempre antes).

No lo veáis como algo fiable y disfrutad de la experiencia, tanto si veis a vuestro hijo precioso, como si le veis con más o menos «defectillos de fábrica». Además, ya sabéis cómo cambian y evolucionan casí por segundos. Lo importante es que vengan sanos y con un pan debajo del brazo.