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El título se puede leer como una quiera. Con alegría, emoción, miedo, terror, sorpresa… en mi caso fue un cúmulo de circunstancias porque realmente no me lo esperaba. Aún así, descubrir que lo estaba fue una experiencia bastante… ¿divertida?, dejémoslo en «cómica». En el despacho y con mi compañera de trabajo, mi intención era comprobar que no lo estaba y, por lo tanto, que me bajase la regla de inmediato porque me tenía que ir a la playa a la semana siguiente y llevaba un retraso de 3 días.  No recuerdo exactamente la cara que se me quedó, pero sí que mi compañera -y amiga- se levantó de un salto alarmada por mis gritos para cerrar con llave la puerta del despacho. Poco más tarde envolvía el predictor en papel de regalo para dárselo al que es ahora mi marido que, al abrirlo, me abrazó y me dijo «soy el hombre más feliz del mundo». De eso ha pasado ya poco más de un año y aquí estoy, convertida en feliz madre primeriza y bloguera accidental.

A lo que iba, «el embarazo». Existen demasiados mitos sobre «ese estado maravilloso de la mujer» que me gustaría comentar de forma breve. Digamos que, tras mi experiencia, yo distingo a dos tipos de embarazadas: las embarazadas románticas y las embarazadas no románticas. Yo pertenezco al segundo grupo.

Embarazadas románticas: esas bellas mujeres, que saben que están embarazadas porque un test se lo ha dicho. Nada más. No tienen síntomas, se encuentran de maravilla, pletóricas, con energía y aseguran que «el embarazo es el estado más maravilloso de la mujer».

Embarazadas no románticas: esas -también bellas- mujeres que sufren de náuseas, mareos, cansancio extremo, infecciones de orina, cambios de humor, ciática, asco… y un largo etcétera de síntomas que no facilitan el disfrute de este estado de buena esperanza. Su consuelo durante todo el embarazo es repetirse a ellas mismas una y otra vez «es por una buena causa, es por una buena causa».

No, para algunas de nosotras estar embarazadas no es bonito, ni romántico, ni apetecible. Son demasiados meses enlazando unos síntomas con otros. Y parece que no te puedes quejar porque siempre hay alguien para recordarte «¡que estás embarazada no enferma!»… llega un momento en el que te cansas hasta de quejarte, yo me caía mal a mi misma, son cosas que pasan, ¿qué le vamos a hacer?

Así que, si eres una embarazada no romántica, lo siento mucho por ti, no voy a decirte que no pasa nada, ni lo genial que es la maternidad, ya lo descubrirás, pero sí te puedo decir que no estás sola, somos más madres no románticas de las que piensas y, aunque algunas se esfuercen por demostrar lo contrario, no estamos contentas con nuestros síntomas y punto.

¡Reivindico nuestro derecho a estar puteadas y decirlo sin tapujos!

Ahora ya sí, ánimo, paciencia y recuerda, respira hondo, cuenta hasta 10 y repite conmigo…

«ES POR UNA BUENA CAUSA»